Narcotráfico, paramilitarismo y política en el sistema internacional.

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La alianza entre el Grupo de Lima y la banda paramilitar colombiana “Los Rastrojos” a través de Juan Guaidó que Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López se encargó de confirmar y hacer pública, marca el renacimiento en América Latina de los tenebrosos días de la Operación Cóndor.

En esa época, se produjo –a partir de las instrucciones y el patrocinio del gobierno de Estados Unidos- un letal acuerdo de organismos de inteligencia, para que –al margen de la ley- los gobiernos dictatoriales de la región pudieran perseguir, capturar, asesinar y desaparecer luchadores democráticos, populares y revolucionarios en el territorio de cualquier país. En los hechos, tal práctica significó la construcción de una supra soberanía criminal que estableció pautas para actuar de forma ilegal en la realización de su tenebrosa labor.

Estados Unidos, tiene amplia experiencia en este tipo de actividades, en los años 80 del siglo pasado también se relacionó con el narcotráfico para financiar la ilícita guerra contra Nicaragua. Por ese crimen fue juzgado y declarado culpable Elliott Abrams, el mismo que indultó Bush y que hoy Trump ha designado como articulador de todas las acciones de Estados Unidos contra Venezuela que incluye gobiernos europeos y de América, organizaciones internacionales, medios de comunicación, redes de narcotráfico, paramilitares y delincuencia organizada.

Hoy, en una versión renovada de la trama se pretende establecer una supra soberanía que actuando en consonancia con grupos delictuales acogidos a la protección del gobierno de Colombia, para atentar contra un país soberano intentando a través de todas las vías posibles, quebrar el proceso que democráticamente se ha dado

Para los dos momentos hay una gran similitud: ambos se hacen bajo el influjo y la orientación de Estados Unidos en alianza con gobiernos neoliberales de extrema derecha. Incluso en los casos de Chile y Paraguay, los gobiernos actuales están conformados por los mismos que participaron de forma activa en el Plan Cóndor, siendo dos de sus protagonistas principales: el pinochetismo presente en el régimen de Chile y el partido Colorado herencia del dictador Alfredo Stroessner de Paraguay.

Así mismo, resulta grotesco que el gobierno de Bahamas que acaba de ser afectado por un brutal huracán que causó centenares de muertos y desaparecidos y que necesita de la solidaridad internacional, se haya involucrado en la posibilidad de participar en una invasión militar a Venezuela. Igualmente, es muy chocante que un gobierno que se dice torrijista se preste para apoyar las maniobras estadounidenses violentando la propia doctrina del General Omar Torrijos que fue un pilar en los años 70 del siglo pasado y hasta su muerte en 1981, en la lucha contra las dictaduras, por la integración latinoamericana a favor de la paz y el encuentro entre nuestros pueblos. Un país como Panamá que hace solo 30 años fue víctima de una atroz intervención militar de Estados Unidos, no debería apoyar una alianza con los agresores de su país.

En el caso de Piñera y Abdo Benítez tuvieron incluso participación directa en el evento narco-paramilitar de Cúcuta en febrero de este año cuando se selló la alianza entre ambas organizaciones criminales: Grupo de Lima y Los Rastrojos, avalando los contactos de Guaidó con esa banda delictiva.

Durante el siglo pasado, en el marco de la guerra fría, todo ello fue posible gracias al entramado ideológico que estructuraba las relaciones internacionales que justificaba y ”legitimaba” la lucha contra el comunismo en la región: se evocaba la Doctrina Monroe que dio origen al TIAR y la OEA como argumentos que daban soporte jurídico a tamaña aberración.

Hoy, finalizada la guerra fría y cuando parecía que el mundo se podía encaminar a un futuro de paz y armonía, la exacerbación de la voracidad imperial ha conducido a la pretensión de minar el sistema internacional e implosionar el edificio jurídico que se propone mantener al mundo en paz, todo esto en camino de destruir a la ONU, a fin de  construir otra instancia y otro sistema que dé soporte a la fase imperialista del capitalismo mundial que se caracteriza por el neoliberalismo extremo, la concentración gigantesca de capitales y una polarización social jamás antes vista.

Solo así se explica la impunidad con la que actúa Estados Unidos y los sujetos de su ventriloquía. Así, la potencia norteamericana se asume dueña de la ONU y decide quien participa y quien no lo puede hacer. De la misma maniera, el presidente de Colombia se siente autorizado de la manera más impune a mentir a la comunidad internacional exhibiendo falsas fotos en su tribuna más excelsa.

Es el mismo contexto en el que Trump se permite amenazar por vía telefónica a otro jefe de Estado para que le ayude a resolver un problema de política contingente y de carácter electoral en su país. De la misma manera, inmiscuyéndose sin rubor en los asuntos internos de otros Estados, ante la decisión del primer ministro británico de apoyar su posición en torno al diferendo con Irán, Trump opina que: “Por eso [Boris Johnson] es un ganador y por eso tendrá éxito en el Reino Unido”. Sin embargo, casi simultáneamente con la emisión de este concepto la Corte Suprema de Justicia del Reino Unido emitió un dictamen en el que opina que la decisión de Johnson de aconsejar a la Reina que suspendiera el Parlamento “fue ilegal porque tuvo el efecto de frustrar o impedir” que esta instancia desempeñara “su función constitucional sin una justificación razonable”. Resumiendo, es un “ganador” que actúa ilegalmente. He ahí la doctrina Trump de política exterior: no importa que actúe ilegalmente, lo que importa es que haga lo que él diga, lo cual garantiza ser un “ganador”.

Es decir, en este caso, Trump y Johnson pretenden actuar al margen de la ley, llevar al mundo a que ello ocurra en todas partes, decretar la incapacidad de la ONU para hacer su trabajo, construir un mundo caótico y sin ley donde impere la guerra y el conflicto e imponer un sistema de minorías, que exprima el planeta en la búsqueda de ganancias a cualquier precio, suprimiendo logros históricos que han costado siglos de lucha para hacer de la Tierra un lugar más vivible.

Como verán amigos lectores, se empezó a hablar de la ilegalidad y la mentira en el manejo de la situación de Venezuela y se terminó bosquejando algunas ideas respecto de la problemática mundial, he ahí una de las características de la actualidad en la que los hechos están concatenados, lo cual esboza una particularidad que usada a favor del mejoramiento de la vida tendría indudable significación para la humanidad, caso contrario –como está ocurriendo- podría conducir a funestas consecuencias.

Precisamente, la dificultad del momento es que Estados Unidos intenta establecer la primacía de los anti valores, la amenaza, el chantaje, la presión extrema al que no se subordina y junto a ello el menosprecio de la vida.

La posibilidad de establecer un marco general de ilegalidad en el comportamiento internacional atenta contra la humanidad de la misma manera que lo hace el peligro cierto de uso del armamento termonuclear

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein
Consultor y analista internacional
Santiago de Chile, 30 de septiembre, 2019
Crónica Digital

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