Memoria y nuevas ideas de Caos Climático en COP25

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Las sociedades pueden ser concebidas como un vasto sistema de comunicaciones, en el cual hay intercambio de mensajes entre grupos e individuos, a tres niveles distintos, pero complementarios e interrelacionados: reproducción, producción y lenguaje”.

Claude Levi–Strauss, Anthropologie Structurale. Plon, París, 1958.

Recién en marzo de este año, luego de afianzar las formas de financiamiento y diseñar su distribución entre privados, el gobierno anunció la realización de la COP25 en Chile. Desde que fue así acordado, por decisión de las naciones miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas de Cambio Climático (CMNUCC) frente al retiro de Brasil, en COP24 de Katowice, en diciembre 2018, advertimos, en distintas publicaciones, que el retardo en informar y la ausencia de canales adecuados significaba desaprovechar las posibilidades de generar plataformas participativas de participación ciudadana, que permitieran establecer una relación más estrecha entre ciencia ciudadana y política, para hacer frente al mayor problema de supervivencia global que ha enfrentado el planeta.

Sin embargo, no era justo sorprenderse, considerando la historia de secretismo con que se ha manejado tradicionalmente desde el Estado, todo lo que tenga que ver con las Relaciones Exteriores de Chile, dentro de la potestad de las cuales radican las relaciones con la CMNUCC.

A partir de entonces el Colapso Climático no ha cesado de inundar los media informativos, cotidianamente, generando una verdadera sobrecarga de información relativa, muy bien recogida por las empresas, universidades y organizaciones de todo tipo, que de pronto aparecen llenos de especialistas sobre el Cambio Climático, lo que no se condice con el silencio y la inactividad con que la sociedad chilena consideraba el problema anteriormente, pese a estar instalado en la agenda internacional desde la Cumbre de Río, en 1992 y específicamente desde 1994, cuando en Berlín, Alemania, se realizó la primera Convención Marco de Naciones Unidas de Cambio Climático (CMNUCC), o COP1 por las siglas en inglés de Conferencia de las Partes.

Más allá de los esfuerzos aislados de las instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil, por informarse desde medios internacionales del Cambio Climático y de participar en la medida de sus posibilidades, por conseguir financiamientos externos para sus proyectos y comunicar en sus páginas web del avance de sus investigaciones y trabajos, debemos reconocer que no hemos sido capaces de integrar la información internacional y los trabajos realizados en una perspectiva sinérgica de acción conjunta, de Gobernanza Policéntrica, para poner de manera sistemática al alcance de la sociedad toda la urgente realidad del Cambio Climático.

Es evidente que habiendo convertido a la educación en un apéndice del mercado y siendo los mayores intereses económicos del mundo generados por las industrias de hidrocarburos fósiles, sustento del modelo capitalista, no teníamos muchas posibilidades de crear conciencia de lo necesario del cambio estructural requerido. Por otra parte, el monopolio de los media y las comunicaciones, en manos de los mismos poderes económicos, dificulta enormemente que la conciencia de la realidad se transmita entre nosotros.

La realización de la COP25 en nuestro país, transformará a Chile en el centro mundial de las miradas internacionales sobre Cambio Climático. Esto es mucho más que una simple tarea de gobierno, que permitirá a nuestros funcionarios una posición destacada y plena ocupación de la capacidad hotelera de Santiago para las fiestas de fin de año.

Tiene que ver con tres temas fundamentales que se han destacado desde los Acuerdos de Paris el 2015, que se han hecho más urgentes desde entonces en la COP23 y que adquieren plena formulación en octubre del año pasado, con la entrega del informe especial SR15 del IPCC.

  1. Absoluta seguridad científica de las causas antropogénicas (eufemismo para decir el sistema histórico de producción y consumo capitalista) del Cambio Climático.

 

  1. De la urgencia del llamado a tomar decisiones políticas coherentes con la información científica: el secretario general de UN ha sido muy claro, nos quedarían 12 años (ya son 11…) para no alcanzar cifras de recalentamiento terrestre irreversibles.

 

  1. Que por pequeña que la contribución de cada quién y sectores específicos de la sociedad pudiera ser, todos somos llamados a hacerla: medio °C de aumento global de la temperatura, impactará en la vida de millones de personas. Como dijo el Secretario General de UN, “todos estamos llamados a aumentar nuestros esfuerzos, para que nadie sea dejado atrás”. Ello refiere a gobiernos, universidades, empresas, organizaciones y personas.

Tal como desde el nombre, el informe científico especial del IPCC (SR15) lo señala, los efectos visibles y dramáticos del Cambio Climático, se dan en un mundo dividido como nunca antes, entre ricos y pobres. Un informe reciente de la ONG internacional Oxfam lo señala: el año pasado el 1% más rico del planeta ganó US$2.500 millones al día, mientras al 10% más pobre, perdía US$ 500 M. Las 82 personas más ricas del globo tienen el mismo ingreso que toda la mitad más pobre: 3.700 millones de personas. En una proyección de junio, la Reserva Federal de Norteamérica, FED, que abarca desde el año 1999 al 2018, la cifra refleja las dimensiones astronómicas de esta catastrófica realidad global: en este período, el 1% más rico ha tenido ingresos por 21 trillones de US$; la mitad más pobre, ha perdido US$ 900 billones. Como sabemos, esta realidad no nos es ajena en nuestro país, donde somos el país con mayor desigualdad económica de la OCDE.

Sabemos que las expresiones concretas de este hecho son cotidianamente visibles en los territorios y localidades, donde a través de estructuras legales y constitucionales, perfectamente concebidas para ese fin, el modelo que considera a la naturaleza como un recurso económico, permite arrasar cada vez más con el bien común en beneficio de la propiedad privada.

Un poco menos, aunque se empieza a hacer conciencia, se sabe de cómo esta realidad afecta la salud física y social de las personas. Los estudios en el Reino Unido, de los “determinantes sociales de la salud”, recogidos en algunas experiencias en nuestro país, a principios de los 2000, aunque posteriormente interrumpidos por no tener los apoyos políticos necesarios, son una buena puerta de entrada a esta problemática, que de todas maneras ya ha cobrado reconocimiento.

Hemos tratado de llamar la atención sobre esta realidad, que no hemos alcanzado a bien dimensionar en nuestro país. Limitados por la ciega ambición de riqueza cortoplacista de unos y constreñidos por el discurso socialdemócrata dominante de lo políticamente correcto, al cual debieron sumarse los otros, la sociedad chilena está lejos de dimensionar la gravedad del desastre climático que nos afecta como especie y que, junto a las demás formas de vida, nos pone en el umbral de la extinción. Nuestras acciones han entrado con facilidad a ocupar únicamente el ámbito formal y propagandístico de los gobiernos de turno, sin traducirse en las acciones urgentes y efectivas que la sociedad toda requiere.

Sin duda que como se reconoce en los organismos especializados de UN, el primer paso necesario para revertir esta situación y recoger el principio de la resiliencia para hacerle frente, movilizando todas nuestras capacidades en el máximo esfuerzo, es la creación de capacidades y una estrategia comunicacional que haga claridad sobre las condiciones reales de lo que pasa. Esto no puede sino ser una tarea colectiva.

Una plataforma de transmisión que permitiera sinergia entre los distintos esfuerzos de universidades, organizaciones de la sociedad civil y eventualmente mediación con las instituciones de gobierno sería una acción tan apropiada como necesaria, para contar con un cuerpo autónomo que permitiera actualizar, hacer proposiciones, seguimiento y evaluación a la COP25 en Chile.

El llamado a coordinar una acción vital y colectiva de éste tipo y establecer sugerencias, para ser difundidas, discutidas y sancionadas de manera lo más amplia posible –de acuerdo a estrategias y modalidades consensuadas–, con la comunidad científica, sus diferentes facultades académicas, los empresarios, los trabajadores y las organizaciones de la sociedad civil, así como con el gobierno y los servicios, requeriría un cambio fundamental en nuestra gobernanza y en la forma en que se toman las decisiones.

Paradojalmente, tenemos que decir que el país ha concebido instrumentos políticos y legales para superar esta situación y que así no todo está perdido, aunque su implementación se ha visto naturalmente retardada, ya sea por oposición franca de ciertas autoridades, como por carencia (precisamente) de instrumentos de deliberación participativos, que respondieran a su concepción política de avanzada.

Prácticamente desconocido por motivos políticos pasó el Instructivo Presidencial N°007 de la Presidenta Bachelet, de agosto del 2014, que actualizaba la Ley 20.500 de participación ciudadana, corregía las normas de participación ciudadana de los servicios del Estado y creaba los Consejos Consultivos de la Sociedad Civil, dando un paso más allá hacia el carácter necesariamente vinculante que debiera  tener la participación ciudadana, si quisiéramos efectivamente corregir desde el Estado la deficiencia intrínseca que supone hacer participar a la gente sobre la marcha de la institución y luego no contemplar sus opiniones.

Es conveniente, sobre todo en tiempos de tanta oscuridad política, y de avances tan grandes y veloces del Desastre Climático, rescatar que personas del gobierno anterior trabajaron para desarrollar los principios contemplados en esos instructivos, que inequívocamente establecían formalmente  la necesidad de pasar desde la actual “democracia representativa”, hacia una etapa superior de “democracia deliberativa”, lo que bien vistas las cosas, de haber desarrollado campañas de enseñanza específicas, que hubieran contemplado el diálogo y la retroalimentación, nos habrían puesto en un excelente pie, para afrontar desde el gobierno los problemas derivados del Campo Climático, que a distintos niveles, son problemas de gobernanza.

Así, a la lógica de toma de decisiones “top down”, de especialistas hacia el público, permitiría crear una tan importante como necesaria contribución al diálogo y la sinergia social, en la perspectiva de la creación de capacidades, para “aumentar nuestra ambición de hacer frente al Cambio Climático y que nadie sea dejado atrás” (secretario general de NU).

Por otra parte, la intuición de proponer una forma concreta de retroalimentación en la figura del hipocampo, para graficar nuestra idea, no está exenta de significados. Sin pretender otra cosa que proponer elementos de “eficacia simbólica” (1) que alimentaran el “cauce semántico” (2), en el cual así no tengamos plena conciencia, somos conducidos, referiremos muy brevemente a la doble propiedad de este Hipocampo: órgano interno de nuestro cerebro y externo a nuestra especie, la del caballito de mar. En efecto, así llamada por analogía formal con el citado animalito, esta zona del cerebro, parte del sistema límbico, ubicada por debajo del hipotálamo, es a la vez depositaria de la memoria y el lugar donde se generan de nuevas células cerebrales o neuronas, que hasta no hace mucho se creían en cantidad fija al momento del nacimiento y que sólo se iban perdiendo en el curso de la vida. Ahora se sabe que ello no es así y que el lugar donde se reproducen nuevas neuronas es el hipocampo.

Y en lo que concierne al hipocampo, caballito de mar, es digno de destacar que éste es uno de los pocos ejemplos en el reino animal, en el cual el macho da a luz, reificando lo que en el resto de las especies vivas y con tanta dificultad de comprensión entre los géneros, sólo aparece como una relación exclusivamente simbólica.

En tiempos en que el mercado capitalista del trabajo y del consumo ha sembrado tanta incomprensión, virulencia y oposición entre hombres y mujeres, en evidente desmedro de los niños, esperaríamos que proponer esta figura al pensamiento, podría jugar un rol de catalizador de instancias comprensivas y de superación de diferencias entre los géneros, contribuyendo así a concentrar todas las energías sociales para enfrentar debidamente los problemas del colapso climático, que pese a lo externo de sus manifestaciones, no son otros que los de la división del trabajo y de la propiedad privada.

No quisiéramos terminar estas letras, que en rigor más que de comunicación son de “transmisión” (3), sobre la necesidad imperiosa de realizar cambios profundos en nuestras percepciones y hábitos societales e institucionales, para poder diseñar respuestas efectivas a las amenazas que hace evidente el Desastre Climático, sin referir a una noticia de actualidad, que apunta precisamente a las transformaciones políticas que se están produciendo en el mundo.

El día 4 de este mes de octubre, y dando continuidad al programa de acción trazado a principios de año por el presidente de Francia, Macron, para neutralizar las masivas y continuas manifestaciones populares que se iniciaron con los “Gillets Jaunes” (chaquetas amarillas), por alzas de impuestos y condiciones laborales y de salud y que pronto se vieron enriquecidas por las manifestaciones de los estudiantes, Extinction Rebellion y otros, por la Emergencia Climática, el gobierno llamó a un Gran Debate Nacional, en el cual a través de reuniones y medios virtuales, participaron dos millones de personas.

Probablemente la decisión más importante tomada fue la creación de una Convención Ciudadana para la Crisis Climática, que, por medio de este ejercicio de Democracia Directa, los ciudadanos, que representan la diversidad de la población francesa, determinarían las medidas necesarias para luchar contra el Desastre Climático, las cuales serían propuestas al Consejo Económico Social y Medioambiental, para llevarlas a cabo.

Más notable, que la Democracia Directa para abordar los problemas de la Crisis Climática, ha sido, sin embargo, que para elegir a sus representantes, este tipo de Asamblea Ciudadana, siguiendo el ejemplo de la elección de magistrados en la Grecia Clásica, ha implementado una selección al azar.  150 representantes de todos los sectores, hombres y mujeres, entre 16 y 80 años, agricultores, estudiantes, obreros, empresarios, empleados y cesantes, provenientes de todas las regiones de Francia, en función de su peso demográfico, tendrán que ver cómo reducir las emisiones de Gases Efecto Invernadero, en un 40%, de aquí al 2030, en un espíritu de justicia social.

Este año, previo a la implementación de los Acuerdos de París, se habrán visto las mayores concentraciones de CO2 en la atmósfera que jamás ha habido, las mayores temperaturas extremas, los mayores deshielos de las calotas polares, las más intensas olas de calor, las más graves sequías, los incendios forestales más devastadores y la mayor pérdida de diversidad biológica. Al cabo no puede sino ser normal que los seres humanos, siendo parte de la naturaleza, reaccionen en todo el mundo oponiéndose al sistema capitalista, de maneras que no han sido las que nos habían enseñado como las únicas posibles.

NOTAS

  1. Claude Levi–Strauss, Anthropologie Structurale, cap.X, p.205 et suiv.

 

  1. Gabriel Durand, Introduction a la Mythodologie. 1972.

 

  1. Introduction a la Mediologie, Regis Debray, 2000.

 

Por Rainer María Hauser. El autor es Sociólogo de la Universidad de Chile. Fue parte de la delegación chilena a las Cumbres de Cambio Climático de las Naciones Unidas: COP15, Copenhague, y COP16, Cancún.

Santiago, 10 de octubre 2019.

Crónica Digital.

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