Carmen Berenguer: “Hay páginas manchadas de sangre, entremedio de las luchas que ha debido soportar este país”.

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Al alero de la contingencia, pude comunicarme con Carmen Berenguer, la poeta, cronista y artista visual que el año 2008, ganara el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.  Conversamos, mientras la televisión machacaba con las imágenes de la estación de metro en Plaza Italia, siendo quemada.

O.C. Estimada Carmen, como escritora ¿Te sorprende lo que has visto, en estos días?

C.B. No me sorprende,  yo estuve en la calle en dictadura, en Plaza Italia, La Alameda y Los Tribunales, la calle fue y será lo que modifique la agenda  política siempre, aunque los políticos y el gobierno afirmen que no quieren escuchar. En otro momento, sacamos al tirano natre y sangriento.   Por ello, no me sorprende.  Muchas veces  pensé que iba a pasar. Y llegó la hora.  Y es otro tiempo su forma, su magnitud, velocidad y  simultaneidad  rebelde de nuestros jóvenes. Al mismo tiempo, su estallido masivo en su máxima expresión.  ¡Es imborrable su aparición! la más grande de la historia de Chile, que pone en jaque el modelo neoliberal. Las redes sociales han sido un soporte excepcional. Y la respuesta del gobierno ha confundido los planos, llevándonos a un estado de dictadura en democracia.  Estado de Emergencia con declaración de guerra, sacando a los militares e instalando el toque de queda. Como dicen  los jóvenes, la rabia se ha convertido en ira -y la ira-  en rebeldía política y social.

¿Qué te parece la respuesta desde el mundo cultural y desde el territorio femenino, ante el despertar social y político del país?

La respuesta cultural, ha sido más lenta por el carácter del estallido y su velocidad,  la capacidad de respuesta fue recobrar su tranco, los músicos y el teatro se han movilizado, las escritoras organizadas en Auch! estuvieron en La Biblioteca Nacional. No obstante, nuestro gremio destiñó, se demoró mucho en estar al ritmo, sacó una declaración y hoy un Cabildo. El feminismo sale de negro con el pañuelo blanco en silencio por los caídos, simbolizando el efecto brutal de la violencia.

O.C. Tengo la percepción que desde la literatura, en especial la poesía, se dejaba traslucir el descontento y el dolor con el Chile neoliberal. ¿Tienes esa impresión?

C.B.   La percepción y la intuición al vuelo de los acontecimientos, recoge en forma notable los trágicos días de la historia – y es su revés de la razón- lleva y trae consigo las luces de sus iluminaciones como su oscuridad; hay páginas manchadas de sangre, entremedio de las luchas que ha debido soportar este país, ellas están como lápidas metafóricas, simbólicas prefigurando su devenir. Todos sin excepción, pueden encontrar versos citando a Gabriela Mistral, que pardean nuestra nación, y glorifican sus valles transversales, sus cumbres solitarias como su calle urbana.

 O.C. Sé que vives en un lugar muy neurálgico de la ciudad de Santiago ¿Cómo se vive desde la cotidianidad estos días?

C.B.  He vivido estos días sin dormir, pletórica tocando un uslero y un martillo en la Plaza Italia, viendo pasar por mi ventana, bajando las escaleras porque (se echó a perder el elevador) a encontrarme con las compañeras y compañeros, miles de todos sus colores y su música, sus organizaciones, niños, mayores y sobre todo una poblada de una generación notable.  Vi muchachos haciendo gigantes fogatas, y quemando lo que encuentren con tal de señalar lo que fue su “punctum”.   El metro y sus tenebrosos subterráneos, luego pasaba otro joven con una bandera sacando fotos, fue un ritual, porque sirvió como lugar de tortura y el humo de las bombas  durante dos semanas, las tiran una tras otra, conté treinta o más, en una hora, los vi disparando a quemarropa balines y perdigones, una violencia desatada. Hubo noches a oscuras, con el temor que necesitara para enchufar una máquina nebulizadora por mi asma, desde ese día no ha llegado la luz a la Plaza, que cuando oscurece veo sombras de pacos corriendo detrás de los chicos. Otro día, sacaron palos de la construcción para tirarlos al fuego, mientras los de abajo y la garra blanca cantaban sus canciones, que consiste en una sola letra ‘ya empezó, empezó, empezó”.  Mis vecinas todas jóvenes, suben, bajan, pasan por mi ventana y son la sensación en la Plaza,  Obama mi querido Obama se esconde, ahora tengo a la Gladys que es chica, se asusta en cuanto suenan las bombas.  En las noches se ven sombras, con uniformes blancos, cuando llegaron los milicos en tanquetas y camiones y se bajaron con las armas apuntando, realizaron un ritual, se arrodillaron y apuntaron,  recordé la dictadura y en las noches disparos, bajaban gente de los camiones. Todo hace suponer que allí se torturaba en los bajos del metro. Al otro día, marcharon los gremios, los profesores, los de la salud, hoy vinieron miles de chicos y chicas y luego comenzó una batalla, sin respiro, pensé irme lejos por mi asma, no puedo, estoy demasiado esperanzada que debemos escribir esa carta fundamental: por nuestra dignidad.

La conversación y el relato se interrumpen…ya tendremos tiempo de continuar, a las 20:30, el ruido de las cacerolas estremece el ambiente y “el derecho de vivir en paz” se puede escuchar con nitidez, desde unos cuantos departamentos. Gracias Carmen.

Entrevista de Omar Cid
Escritor
Crónica Digital
Santiago de Chile 01 de noviembre 2019

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