«PAPELUCHO GAY EN DICTADURA» EL ADOLESCENTE DE JUAN PABLO SUTHERLAND

0

Por Miguel Alvarado Natali

Ser adolescente en dictadura era difícil y ser joven ya era peligroso, imagínense como se complicaba todo siendo homosexual y no cualquiera, sí no uno al estilo Papelucho, este personaje creado por Marcela Paz, que narra las aventuras de un niño chileno. Aquí la inocencia inunda la cabeza de preguntas y lo cotidiano se tiene que  descubrir con la propia soledad.

“Papelucho gay en dictadura” de Juan Pablo Sutherland (1967), Alquimia ediciones, 2019, si bien es cierto puede haber algo de ficción, es la vida de este autor contada en primera persona de manera brillante, a veces tierna, pero también cruel: “Estudie en el  Darío Salas, un liceo público donde además estudió Caszely y Fernando Ubiergo. Era presidente del curso primero jota, había entrado a la JJ.CC y no tenía idea de Marx ni de Lenin, siempre me imagine como un Papelucho- raro, Papelucho- elegante, Papelucho-monstruoso, Papelucho-marica”. Pero a este licenciado en comunicación no le incomoda el relato vinculado a su despertar gay en los camarines de la piscina municipal de Las Rejas: “Hay un tipo que la tiene enorme, me mira un momento y se va. Quedo asustado, con rabia y excitado. No soy feliz”.

Juan Pablo Sutherland

“Papelucho gay en dictadura”, nos sumerge en esos años “80 donde la adolescencia se extinguía en medio de la pobreza y la represión, donde la madures estaba a la vuelta de la esquina y el futuro casi al otro lado de la cordillera. Es un libro ameno, fácil de digerir, en especial para los mayores de 45 años, es una obra valiente y necesaria para la generación de hoy, está muy bien hilvanada  presentándonos un  contexto histórico que sutilmente bordea la ironía. Lleva al lector por caminos íntimos, nostálgicos, donde el casette pirateado de Silvio y Víctor Jara era infaltable en una mochila o morral, con mucho paisaje urbano, mientras se veía  Grease  Brillantina en lo que era el comienzo de la decadencia de los cines de barrio. : “Nadie quería seguir viviendo en un país triste, en una ciudad triste, una calle triste, mi madre era del MIR, mi papá comunista y mi padrastro socialista…tenía casi completa la Unidad Popular en mi familia.

El hombre nuclear, Tierra de Gigantes, el Jappening con Ja, Sabados Gigantes  y Ultraman era lo que más se veía en televisión, en tanto, la violencia y la precariedad de este “Papelucho” es tremendamente desgarradora: ”Deseaba el mundo a mi medida, me preguntaba por lo odioso de ser pobre, más pobre que nadie, pues la pobreza para mí era real y surrealista, es decir, veía pobreza en todos, a veces en la forma de pedir las cosas, en el colegio, en la micro, en la televisión.”

Juan Pablo Sutherland, construye esa atmosfera ochentera y lo hace bien -es un memorión- creo que no se le escapa nada de lo más trascendental de aquella oscura época y entre su personaje -que es él mismo- bordea la ficción y la realidad para desmembrar su memoria emotiva: “Cuando mi mamá me vio con sus zapatos medio puestos, arrimado como una garza aprendiendo a caminar, igual que la Clarabella, me asusté  tanto que tropecé cayendo directo al suelo. Ella como siempre silenciosa…nunca se atrevió a preguntar nada.”

Mientras culminaba la lectura del presente libro en medio de este  “Estadillo Social” con tanta convulsión y represión, no imaginé que vería la ilustración que nunca debiera haberse dibujado, la de Papelucho baleado realizada por  Fabián Rivas, su ojo dañado, cercenado, tapado con un parche, quedará en la historia de las grandes ilustraciones. Es balear la inocencia y la adolescencia es no haber entendido nada luego de la dictadura, después del triunfo del No cuando la alegría que llegaba duraría muy poco: “El Triunfo del No fue una patada en la guata, imaginaba que Pinochet saldría altiro, al otro día, pero fue muy extraño para mí que se quedara por un año más  cuando todo Chile ya le habíamos dicho que NO. Finalmente nos habían engañado a todos”.

En definitiva “Papelucho gay en dictadura” tiene un relato potente, donde lo trágico se va transformando en un paisaje más llevadero, casi poético, la  soledad del personaje es acompañaba por la potencia que tenía el televisor en los “80 y el despertar sexual, que ahora no conmueve, pero en aquella época lo aprendías con tal dureza en la calle o en un baño de colegio, Juan Pablo Sutherland lo va despojando del peso social cuando asume a corta edad que es gay. La carencia, el miedo y el deseo, son los aspectos que aborda esta obra, llena de elementos históricos y políticos de un Chile muy diferente, pero tan desigual como el contemporáneo.

Crónica Digital, Stgo 12 de Diciembre 2019

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.