Cómo nació “El Baile de los que Sobran”: el himno de la Revolución Ciudadana en Chile

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Es el más emblemático tema de una de las más importantes bandas musicales de la historia de Chile. “El Baile de los que Sobran” fue parte del segundo álbum de “Los Prisioneros”, llamado “Pateando Piedras” en relación con los versos de la canción, los que contenían una crítica social ácida y contundente, que develaba la exclusión social impuesta a los jóvenes por la educación de mercado.

Fue lanzado el 15 de septiembre de 1986. En esas circunstancias, fue ciertamente notable que poco más de 33 años después fuera asumido por la ciudadanía, incluyendo a los más jóvenes de los jóvenes, como himno de la protesta social desencadenada el 18 de octubre de 2019. Por las noches, desde las casas se confundían sus acordes con el sonido de las cacerolas. En las calles y barrios, era cantado a viva voz por los manifestantes, seguido a través de improvisados parlantes o entonado por una multitud acompañada por decenas de músicos. Retumbó en las Alamedas y en la Plaza de la Dignidad el día de la “marcha más grande de la historia”. Sus versos fueron proyectados sobre la Torre Entel y el Edificio de Telefónica. Trepó al primer lugar de las canciones chilenas más escuchadas en Spotify.

En las redes sociales circuló un meme en que aparecía la imagen de uno de los símbolos de la protesta, el perro conocido como “Negro Matapacos”, comentando: “No quería decirlo, pero yo soy el que ladraba en el Baile de los que Sobran”, en referencia a los sonidos caninos bien conocidos que aparecen en el tema.

En su libro autobiográfico “Héroe”, Jorge González comenta que al comienzo era un “tema visto como relleno para mi” y, sin embargo, “se convirtió en un himno”.

EL GENESIS DEL HIMNO

La grabación del disco “Pateando Piedras” comenzó en junio de 1986. El contexto histórico, más allá de la autopercepción de los tres miembros de “Los Prisioneros”, fluye en su creación. Desde mayo de ese año, la tiranía había resuelto completar el proceso de municipalización de los liceos públicos, privatizando además los establecimientos secundarios técnico–profesionales. Se había puesto en marcha en 1981, cuando Jorge González, Miguel Tapia y Claudio Narea estudiaban en el tradicional Liceo N° 6 “Andrés Bello” de San Miguel.

El proceso de municipalización fue interrumpido temporalmente y la dictadura decidió que se terminaría de implementar durante el Año Escolar de 1986. Era uno de los pilares del proyecto neoliberal de educación de mercado, que implicaba que la educación dejaría de ser concebida como derecho: el sistema educacional ya no sería una herramienta de movilidad social, sino de reproducción de la segregación y la distribución desigual de los bienes. Es lo que se cuenta con notable sensibilidad y talento creativo en “El Baile de los que Sobran”.

En el momento en el que “Los Prisioneros” grababan “Pateando Piedras”, los estudiantes agrupados en el Comité Pro FESES (Federación de Estudiantes Secundarios), se tomaban los liceos y ocupaban las avenidas en protesta contra la municipalización, lo cual se extendió por poco más de dos meses. Ello se vinculó con la movilización que se desplegaba en todo Chile para poner fin a la dictadura, en circunstancias que la oposición social y política había proclamado que 1986 sería el “Año Decisivo” para la conquista de la democracia. Para esos efectos se había creado una multigremial denominada Asamblea Nacional de la Civilidad.

Esta coyuntura histórica fue decisiva, en cambio, para la derrota del camino de la rebelión popular y la desobediencia civil, y para que se generaran condiciones para una negociación entre un sector de la oposición con la derecha política y económica, con el respaldo de los Estados Unidos, para un tránsito pactado a la democracia que garantizara la perpetuación del modelo institucional y económico de carácter neoliberal que había sido impuesto por la dictadura.

El 7 de septiembre de 1986 aconteció el frustrado intento de matar al dictador, camino al Cajón del Maipo, lo que provocó que la dictadura dispusiera Estado de Sitio y emprendiera una violenta represión contra el país. Lo más relevante fue, sin embargo, que fue el hito que hizo visible el cambio de orientación de los vientos de la historia: la oposición se fracturó y se generaron las condiciones para la salida negociada a la tiranía. En una notable sincronía de la historia, una semana después de este hecho, el 15 de septiembre, “Los Prisioneros” lanzaron su segundo álbum, “Pateando Piedras” en una presentación “El Café del Cerro”, espacio de la cultura alternativa de esos años, que se emplazaba en el Barrio Bellavista. Los acompañó cerca de un centenar de personas.

Luego de la exitosa e histórica presentación de la banda en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar del 2003, cuando fueron aclamados por el público y rompieron con la censura, Leopoldo Pulgar comentó en la revista “Punto Final”: “Hubo algo mucho más sorprendente (…) en esa noche: las canciones que interpretaron –originales o actualizadas–provocaron el mismo impacto que hace 19 años. El delirio del público de hoy fue total, sin importar que fueran canciones antiguas. Varios ‘expertos’ se declararon incapaces de entender este fenómeno avasallador”. A este respecto, señaló que “se mostró claramente la identificación del público con temas escritos entre 1984 y 1986, cuando los músicos eran jóvenes veinteañeros” porque canciones como “el escalofriante ‘Baile de los que sobran’ volvían a señalar que la realidad de hoy tiene ingredientes tan dramáticos (…) como hace dos décadas”.

Sobre “El baile de los que Sobran” comentó que es “el himno más representativo de Los Prisioneros de todos los tiempos y la canción más coreada durante la presentación del grupo en Viña 2003 (…) Es un tema estremecedor desde su título, además de poseer un mayor grado de elaboración poética y musical, y contar con una interpretación de alto nivel. Habla de gente joven, tal vez con esperanzas, pero sin futuro definido o escapándosele de las manos; de aquellos que el sistema neoliberal automáticamente deja botados a medio camino (…) De la educación que no es igual para todos, de los juegos, del éxito y del fracaso. Y del patear piedras, un oficio que sigue siendo común en nuestro país”.

En efecto, “El Baile de los que Sobran” se instaló como un himno de la juventud y todos los perjudicados por el modelo, porque representó con inaudito talento poético y musical los violentos impactos del neoliberalismo en la vida de las personas, los que fueron capaces de recoger con una aguda capacidad de observación a mediados de los 80. Curiosamente, esta canción vio la luz en los momentos que se iniciaba la transacción que permitió perpetuar por más de tres décadas ese modelo. Esa transacción que, en esos días, se justificaba con razonamientos similares a los que hoy día se esgrimen para justificar nuevas componendas.

En octubre de 2001, cuando la banda se reagrupó por un período, Jorge González sentenció en el programa “De Pe a Pa” en TVN: “La lata es que la (crítica social) la expresamos en canciones del año del cuete y todavía es lo mismo. Tocamos ‘El Baile de los que Sobran’ y todavía es lo mismo. Eso es súper triste”…

“Únete al baile de los que sobran”, invita uno de los versos dramáticos de la canción. Es evidente que hay razones de sobra para que hoy tenga sentido para millones.

LOS ACTOS DE CREACION

–¿Cuál es el origen del Baile de los que Sobran? –pregunté a Jorge González en el verano de 1991. “Era el año 86. Por esos tiempos me encontré con varios ex compañeros de colegio y les pregunté cómo estaban. La respuesta era ‘bueno, yo estoy trabajando de junior’. Casi todos estaban en la misma, es decir, los encontrábamos en la calle con unos papelitos, repartiéndolos de un lado para otro. Me llamo la atención, porque era gente que tenía planes para el futuro”, contó. Detalló: “Empecé a escribir cosas sueltas y armar la canción, bastante a la rápida. Hicimos una primera grabación, en que el arreglo era distinto al actual. Luego, la regrabamos y le agregamos la guitarra española y el sonido de un acordeón. Y esa canción, hecha tan a la rápida, empezó a transformarse en un éxito, a pesar de que no la tocaban en la radio”.

“Es una de esas canciones en que tú piensas que se te ha metido el inconsciente colectivo y también la han escrito los demás a través de tu pluma”, remató.

Por su parte, Claudio Narea me ha contado: “Es evidente que ‘El Baile de los que Sobran’ es la mejor canción, la más importante de todas, un clásico absoluto. Por supuesto me gusta mucho y me conmueve que las personas la entonen con tanta fuerza y convicción hasta ahora”. Y rememoró que “la expresión ‘Pateando Piedras’, que se ha hecho tan famosa a raíz del tema, desde tiempo antes del disco era muy común entre nosotros. Se la había escuchado decir durante la época del Liceo N° 6 a Miguel Tapia, la repetía constantemente entonces, y también lo hacía mientras caminábamos por las calles de San Miguel”.

La frase “Pateando Piedras” también aparece en otro tema del disco: “Exijo ser un héroe”.

Unos días antes del lanzamiento del álbum “Pateando Piedras”, Jorge González comentó que “está dedicado, con todo cariño, a nuestros compañeros del Liceo N° 6 de San Miguel. Es un álbum nostálgico, pero bailable, en el que se retrata la vida de jóvenes como nosotros” (“Vea”, 11 de septiembre de 1986).

¿Algunos de sus amigos se quedaron pateando piedras? –le preguntaron desde el diario “Las Últimas Noticias” el 24 de octubre de ese año.

–La mayoría de nuestros compañeros de curso del Liceo 6 de San Miguel. Uno es cartero… el otro día me encontré con otro que es chofer de micro y el otro inspector. Es la realidad de todos los que venimos de colegios fiscales.

Miguel Tapia contó a la revista “Súper Rock” en 1987 que “Jorge hizo todo el segundo elepé (Pateando Piedras), salvo los arreglos, por supuesto, en los que Claudio y yo aportamos el toque sonoro de Los Prisioneros. De inmediato me gustaron Muevan las Industrias y El Baile de los que Sobran”.

Manuel Maira cuenta lo siguiente en su libro “Jorge González. Una Historia Original”: “Para ‘El Baile de los que Sobran’ Jorge consiguió una caja de ritmos Korg con Miguel Conejeros de Pinochet Boys. También ocupó sintetizadores Casio. Para la letra, tomó un cuaderno con apuntes de conversaciones que había tenido con antiguos compañeros de liceo y comenzó a pulirlos. Escribía y reescribía. Una vez en el estudio, programó con Miguel Tapia la batería Yamaha RX7 e hicieron una toma de una canción que a los días le pareció aburrida, pero con algo especial. Luego volvió a la carga con arreglos más bailables y modificando acordes en el final. Ladridos de perro y timbales se sumaron a la nueva grabación. Solo hacia el final de la mezcla, Jorge le agregó una guitarra acústica, grabada por Claudio Narea, para darle un matiz a una canción que nunca pensó que sería elegida como single de promoción de ‘Pateando Piedras’, disco que consolidó la popularidad del grupo en Chile y en países como Perú y Colombia”.

Según declaraciones de Jorge González recogidas en el sitio “Memoria Chile”, “para mí era una canción como cualquier otra, no pensaba en lo que iba a pasar con ella. Esa idea de que la escribí con una guitarra acústica en la pobla no es real (…) Al comienzo no tenía guitarra y el tempo era más lento. Cuando la estábamos grabando entera estaba fome, entonces decidí grabarla de nuevo. Ahí fue cuando la aceleramos, le metimos el perrito al sampler y le pedí a Claudio que hiciera guitarra acústica”. Al parecer, la idea del perro se originó en “Néstor”, un can blanco y de raza indefinida que era la mascota de la casa de San Miguel en la que Jorge vivía con su madre en esos días de 1986.

La BBC de Londres hace unas semanas le preguntó a González si le emocionó que la canción se sintiera con fuerza el día de la marcha más grande. “Estuvo muy lindo, pero es muy triste que todavía se tenga que seguir cantando”, respondió.

Por ello es que resultan patéticos los argumentos de aquellos que pretenden justificar los acuerdos por arriba de hoy, comparándolo con la conducta de los que cuestionaron hace tres décadas las negociaciones por arriba de entonces: “Se han marginado hoy de la salida democrática, se niegan a estar en la política, como lo hicieron hace 30 años”, dicen. Patético, porque si hubiera sido tan exitoso el resultado del pacto transicional, no se habría producido el estallido social de ahora y “El Baile de los que Sobran” no sería todavía el contundente himno para salir a pasear por las calles la esperanza de un Chile sin que nadie sea condenado a patear piedras.

Por Víctor Osorio Reyes.

Santiago, 24 de diciembre 2019.

Crónica Digital.

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