En La tierra de todos del poeta Guillermo Bianchi

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“a la patria distante del poema/se llega a pie
después del desaliento…”

 Por Isabel Gómez*

“En la tierra de todos”, del poeta argentino Guillermo Bianchi, (Buenos Aires, 1970) nos sumergimos en los significados más hondos del sentir poético, en estas páginas la poesía es el espacio de todos y todas y desde allí nos sitúa en sujetos que se adentran en la realidad de un paisaje que muchas veces habita aquello silente y que sin embargo llega con sus oleajes a flor de piel, para remecer las conciencias. El poeta nos dice: “En la tierra de todos/ el viento ya no sopla/ duerme cruzado de alas/sobre la piel del aire…” (Pág .6). En estos versos observamos una cierta infinitud en el discurso poético, la poesía trasciende nuestro ser interior y se proyecta en las cosas y los elementos que nos rodean. Aquí la palabra es el motor que mueve y agita las voces; aquellas voces silentes de un tejido social que circula por estas páginas para construir un discurso poético más allá de sí mismo, un discurso que agita las conciencias en busca de su ser más íntimo.

La poesía es el puente, el nexo que nos acerca y nos aleja de la realidad, lo objetivo y lo subjetivo dispuesto en el paisaje a modo de hallazgos, de olvidos, de búsquedas, de encuentros, de luz y también de oscuridad. Es así como los opuestos van entrelazando situaciones de vida, mediante los aciertos y desaciertos de una realidad que dialoga con su imaginativa.

Cito: ¿puede el amor cubrirse el pecho/ hacer pan de lo ajeno/deriva de lo anclado…”El amor es un tópico presente en este libro y es un amor nostálgico, desarraigado de los cuerpos y la congoja de los tiempos que vuelven en el recuerdo y la añoranza de las cosas vividas. El poeta nos dice: “¿puede sacar el cuerpo/ la piel a la caricia/ transitar el insomnio a fuego lento/y arrojarse al silencio/con las manos atadas?” (Pág. 11) Bajo este transitar, nos encontramos sumidos en los sentimientos que nos hacen dialogar con nosotros mismos, a veces sin encontrar explicación a estos pensamientos que van construyendo mundos habitados por emociones desconocidas, mundos insospechados, como si tuviésemos “las manos atadas”.

 Julia Kristeva nos dice que: “la experiencia cotidiana parece demostrar una reducción espectacular de la vida interior. ¿Quién sigue teniendo un alma en nuestros días?… presionados por el estrés, impacientes por graves gastos, por gozar y morir, los hombres y las mujeres de hoy prescinden de esta representación de su experiencia que llamamos una vida psíquica. El acto y su doble, el abandono, sustituyen a la interpretación del sentido”. Bianchi señala: “a la patria distante del poema/se llega a pie/después del desaliento…” (Pág.12) con estos versos el poeta pareciera explicar que en esa “patria del poema”, donde podemos construir un oasis de resistencia, de lucha y de trinchera para todo aquello que pareciera imposible de conseguir; en esa patria volvemos a creer en nosotros mismos como sujetos sociales dispuestos a permitirnos soñar y reflexionar en torno a un mundo más amigable, donde el desaliento conlleva intrínsecamente un dejo de esperanza, de luz y de armonía, que nos permitirá sostener esta lucha donde, tal como dice Kristeva el abandono del ser muchas veces no nos permite dar una interpretación con sentido de la realidad. Esto se complementa en los versos que señalo a continuación: “todas las realidades me parecen ficticias/todas las utopías me resultan posibles.” (Pág.13)

Nuestra sociedad actual adolece de espacios en donde los sujetos sociales expresen sus sentires, sus sueños, sus temores, sus miedos y también sus esperanzas. Estas situaciones de vida nos persiguen como fantasmas dispuestos a impedir que nuestros sueños democráticos sean un aliciente para impulsar nuestro hacer literario como un espacio donde confluyen los hechos cotidianos, nuestras propias vivencias interpretadas a través de un discurso literario donde el lenguaje y sus códigos son revelaciones que se desbordan de los cuerpos, del tiempo y de un ecosistema que lucha por reinventarnos.

 “salgamos a la puerta/se deben haber ido los fantasmas/hay una brisa que lo explica todo/la dualidad/el fin de los temores…” (Pág.19). La verdad que se impone “en la tierra de todos”, esta tierra que lucha por reivindicar la vida y sus escasas expresiones de humanidad. Esta tierra de todos es el espacio por descubrir.

*Poeta, Directora Sociedad Escritores de Chile
Santiago de Chile, 8 de enero 2020
Crónica Digital

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