Jeanine Áñez, entre la sed de poder y la ceguera política

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Por Alain Valdés Sierra

Las evaluaciones a la autoproclamada mandataria de Bolivia, Jeanine Áñez, giran hoy en torno a su candidatura a la presidencia, denuncias de persecución política, y las cuestionadas decisiones de su gobierno de facto que sobrepasan su carácter ‘transitorio’.

 

Son varias las voces que fuera y dentro del país andino-amazónico coinciden en criticar su trabajo al frente de un gobierno considerado, por gran parte de los bolivianos y la opinión internacional, resultado de un golpe de Estado contra el anterior presidente Evo Morales (2006-2019).

La decisión de Áñez de presentarse como candidata a la presidencia en las próximas elecciones generales del 3 de mayo es quizás el talón de Aquiles de su deseada proyección como figura pública, apreciación dividida entre quienes piensan es inconstitucional y quienes opinan es antiético e inmoral.

De cualquier forma la oficialización de su candidatura generó reacciones adversas, incluso de aquellos que pactaron para hacerla presidenta de Bolivia burlando lo establecido en la Constitución.

Un comentario publicado por The New York Times asegura que Áñez, a tres meses en el cargo, ‘ha mostrado ser una figura sedienta de poder que busca permanecer en la presidencia más allá de lo acordado y usa métodos peligrosos para la institucionalidad del país’.

Mientras el diario Británico Financial Times publicó un editorial en el que considera la candidatura una amenaza al futuro democrático del país por lo demostrado en estos meses de gestión, donde ‘el gobierno de transición de la Señora Áñez comenzó a comportarse como una administración que goza del respaldo ganado en las urnas’.

La otra gran crítica a la autoproclamada presidentae está relacionada con las reiteradas denuncias de persecución política a exfuncionarios del gobierno de Evo Morales y a líderes del Movimiento al Socialismo (MAS), situación reprochada por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Hace varios días el enviado especial del organismo internacional para Bolivia, Jean Arnaud, explicó que en un contexto electoral no deben sucederse actos de persecución política, incluido el abuso de procedimientos judiciales con ese fin.

Poco después, dicha observación fue respaldada por el Relator Especial de la ONU sobre la Independencia de Magistrados y Abogados, Diego García-Sayán, que calificó de preocupante dicha situación.

‘Me preocupa el uso de las instituciones judiciales y fiscales con fines de persecución política. Crece el número de detenciones ilegales (…) Llamo al respeto a la independencia de las instituciones y al debido proceso’, escribió el funcionario en su cuenta en Twitter.

En un artículo publicado en El País, García-Sayán señala que la administración de Áñez debió centrarse en organizar las próximas elecciones y ser puente de una transición democrática, pero en contraposición enciende ‘la alarma internacional despertando memorias de oscuros momentos de la historia boliviana que parecían cobijados en un pasado lejano’.

Por último, están bajo la lupa algunas de las decisiones tomadas por la administración de Áñez que van más allá de su carácter transitorio y corresponden a un gobierno elegido por la mayoría de los bolivianos.

Destaca en ese aspecto lo que varios analistas y juristas denominan ‘cambio de rumbo’ en la política exterior de Bolivia, ahora con giros en su dinámica que apuntan más a romper con la establecido durante los gobierno del MAS que a términos prácticos en materia de relaciones internacionales.

El citado comentario de The New York Times, firmado por la periodista brasileña Sylvia Colombo, destaca un vuelco radical en la política exterior de Bolivia, cercana ahora a Estados Unidos e Israel, y enfrentada a países como España, Venezuela, Cuba y México.

En referencia al caso puntual de México, el expresidente de Bolivia, Eduardo Rodríguez Veltzé (2005-2006), lamentó los sucesos relacionados con la embajada de ese país en La Paz donde permanecen refugiados varios exfuncionarios del gobierno de Evo Morales.

Tras el golpe de Estado del 10 de noviembre pasado, comenzó por parte de las autoridades golpistas una persecución política contra miembros del gabinete ministerial y del MAS.

Ante esa situación de inseguridad, en la sede diplomática mexicana se refugiaron seis exministros, un exgobernador, un exviceministro y un exdirector, a la espera de salvoconductos, aunque dos de ellos ya recibieron el permiso de salida en medio de arbitrarias acciones policiales.

Además, Rodríguez Veltzé cuestionó la actuación de las autoridades golpistas por desconocer figuras legales como el asilo y el salvoconducto, y el principio de mantener relaciones diplomáticas con la mayor cantidad de países.

Resta poco más de dos meses para las votaciones en Bolivia, pero el camino de Áñez se debate entre el amor al poder y la ceguera política, condiciones que podrían privarle de una victoria en las urnas.

La Habana, 11 febrero 2020
Crónica Digital/PL

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