Comentarios de cuarentena: Jóvenes Pistoleros

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Por Omar Cid*

Jóvenes Pistoleros, es una reseña de época. En 460 páginas, divididas en cuatro partes, el periodista Juan Cristóbal Peña; continúa su línea donde investigación y crónica se conjugan, para obtener un resultado atractivo.

Peña, nos invita a situarnos a principios de 1990, en la llamada transición democrática. Historia que ha sido tratada por distintos autores (Ascanio Cavallo, Rafael Otano, Edgardo Boeninger, Enrique Correa, entre otros) desde los pasillos del poder, con su escenografía bien diseñada, donde los actores principales ocupan a cabalidad el espacio que les corresponde en la sociedad del espectáculo. Con el tiempo, incluso se han considerado a sí mismos, una especie de caballeros templarios de la república.

El lente del cronista, en este caso, prefiere los espacios ocultos. El lado sucio de  la metamorfosis que está experimentando la sociedad chilena, donde la palabra pueblo desaparece, por el concepto de gente. El impulso popular, amparado en los jóvenes y en las organizaciones barriales que permitió la resistencia, el triunfo en el plebiscito y en las elecciones de ese año: es rápidamente desmantelado. Los acuerdos trajeron un proceso de encubrimiento. El lápiz y el papel, vino a cumplir su labor de esterilización contra el virus de la rebeldía. Tenemos entonces un primer factor sobre la mesa: la negación del otro.

En tanto, en la franja de los invisibles, el aparato armado del Partido Comunista, se divide en 1987 y llega a los inicios de la transición, diezmado. Nuestro autor, centra su trabajo en los jóvenes que optaron por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo. Organización que nace en los resabios político-militares y que pretendió profundizar La Política de Rebelión Popular, para luego desarrollar una visión propia, conocida como Guerra Patriótica Nacional[1].  En ese sentido, más que llegar tarde a la lucha armada, la extendieron, sin entender en toda su magnitud el terreno pantanoso de la democracia vigilada. La muchachada de ese entonces, en términos personales llegó a última hora.

Los personajes principales: Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brozovic, pertenecen a sectores medios, estudian en colegios privados como El Colegio Latinoamericano de Integración, El Francisco de Miranda. Son hijos, de una burguesía compuesta por profesionales de izquierda, militantes comunistas o afines. El libro, nos quiere acercar a la cosmovisión de un par de chicos que soñaron transformar la historia del país, integrando una organización ya derrotada, leyendo libros sobre como subir al monte, en tiempos donde la clandestinidad se vuelve esquiva. No era lo mismo ser clandestino en dictadura, con un enemigo común, a la dispersión que se genera en los noventa. El entorno acrecentaba la tensión interna, las propias contradicciones.

La complejidad de los seres humanos queda reflejada en momentos muy particulares, incluso en las motivaciones del propio autor:

El asunto es que, por diferentes circunstancias que son largas de explicar por esta vía, me vinculé y sigo vinculado a gente a gente común entre nosotros y por diferentes circunstancias me encuentro escribiendo un libro sobre el FPMR, más particularmente sobre el secuestro del Edwards, y más-más particularmente sobre el Negro y sobre ti, en esos años. ¿Por qué sobre ustedes? Pues, primero, porque se trata de una historia generacional que me es común y propia”. (Carta dirigida a Silvia Brozovic (Mizka) 01-05-2017. Pág.429)

El libro revela entre líneas, el momento de confusión que se vive en las izquierdas, donde las (re)formulaciones, traiciones, dobles agentes, pérdida de sentido, arrepentimientos políticos e intelectuales, traducidos en conversiones a la religión neoliberal, producto del desplome del llamado “socialismo real” eran parte de la cotidianidad.

En mi lectura, los nuevos habitantes de La Moneda, al negar todo mérito a la lucha armada por recuperar la democracia, alimentaron el deseo, el voluntarismo por parte de los restos de esas organizaciones de estremecer el cuadro político existente. Ante el espectáculo de “la justicia en la medida de lo posible”. Se produce una respuesta en clave de performance, buscando descomponer el escenario. Acribillar a un criminal como Fuentes Morrison, eliminar a uno de los principales ideólogos de la dictadura, Jaime Guzmán, en ese momento Senador. Sin menospreciar el secuestro de Cristián Edwards. Al conocer los pormenores, nos adentramos en el clima de resistencias políticas, de Palma Salamanca, en especial por la ejecución del fundador del gremialismo y el rapto al hijo del dueño de El Mercurio.

La idea de pistoleros no me termina de convencer, aunque el título es atrayente. Porque supone una especie de ideario de Hobbes: “el hombre es un lobo para el hombre”. Instala la imagen de un Estado fallido, donde el Leviatán era necesario imponerlo. La razón estatal como fin en sí mismo. Nos sugiere, un western italiano desatado en el territorio o el tufillo gansteril de Chicago 1920 del siglo pasado, golpeando nuestras puertas. Se trata, de un muy buen libro, de fácil lectura, recomendable en los días de encierro.

*Escritor
Subdirector Crónica Digital

[1] La GPN comenzó a desarrollarse a fines de 1987 hasta mediados del año siguiente, en la búsqueda de llenar “el vacío de vanguardia” que habría dejado el PC al abandonar la “Política de Rebelión Popular” y la estrategia de “Sublevación Nacional”, iniciándose un proceso de rediseño político y estructural interno que concluyó en el diseño estratégico y en su posterior Irrupción en Octubre de 1988, días posteriores al plebiscito que decidía la continuidad de la dictadura. (Pág.31) http://bibliotecadigital.academia.cl/jspui/bitstream/123456789/4525/1/TLHIS%20174.pdf

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