Chile-economía: A río revuelto, ganancia de pescadores

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Las medidas tomadas para la contención de la pandemia tendrán diversos efectos sobre la economía. Los ingresos de los hogares disminuirán por los despidos masivos, también por los decretos que permiten a las empresas no pagar los días no trabajados, por las cuarentenas totales, por la inactividad de los trabajadores por cuenta propia, por la disminución del retiro de utilidades de los pequeños empresarios que no pudieron producir. Así mismo la baja de la producción de bienes y servicios tendrá un efecto complementario (parcialmente) al anterior, pues los tipos de productos que ofrecen quienes pudieron trabajar no necesariamente coinciden con los que demandan los que disminuyeron quienes redujeron sus ingresos. Es decir habrá una contracción tanto de la oferta como de la demanda y además una desalineación entre ellas.

La incertidumbre mundial traerá aparejado un comportamiento más recatado de los inversionistas, postergando algunos de los proyectos que tenían en carpeta. Es así como ellos se protegen de la posibilidad de no ganar lo que tenían previsto. La disminución de la inversión refrenará la normalización de los mercados del trabajo y de la producción. Las quiebras de micro y pequeñas empresas serán numerosas sin un trato especial tanto de la banca como del gobierno.

La menor producción y las restricciones internacionales al tráfico de personas y mercancías afectarán el comercio exterior del país, que es uno de los más abiertos al resto del mundo. Más de la mitad del PIB se transa con el exterior. El efecto puede ser muy importante. Las divisas se harán más escasas y se mantendrán altas, subiendo los precios de los productos importados.

Todo esto y  cada uno de los elementos enunciados actúan constriñendo la actividad económica, el producto interno bruto. ¿Cuál es la magnitud de la recesión que se nos está viniendo encima?. Nadie lo sabe aún. Pero eso no importa mucho si ya sabemos que se viene y es posible estimar la multiplicidad de agentes económicos seriamente dañados que habrá. Anticiparse a la catástrofe es lo más sensato.

Los otros factores de la crisis

La causa del sombrío panorama económico que se está conformado no vino sino muy parcial e indirectamente del el sistema económico. El cuadro descrito anteriormente está repleto de actividades de no mercado, de hechos de la vida alejados de la economía. Visitar a un familiar o a un amigo puede tener menormente algún componente de consumo, pero bien puede carecer totalmente de él. Acercarse a una persona en la calle o un negocio para intentar ligarse con ella tampoco implica ninguna acción de mercado. Pero son actividades humanas que contribuyen, junto a muchísimas otras, a propagar la pandemia. ¿Debe entonces enfrentarse esta crisis económica con herramientas de mercado o con una perspectiva diferente?

El empobrecimiento de quienes deben acatar medidas sanitarias, sin ser los causantes de la pandemia y en algunos casos sin siquiera haberla sufrido, sólo porque son integrantes conscientes de una comunidad ¿puede ser compensado por los demás en la medida que puedan? O simplemente es aplicable el dicho al que le toca le toca. Un empresario con un patrimonio de ciertos de millones de dólares ¿aportará lo mismo o un monto similar a un trabajador que gana el sueldo mínimo y tiene una casa de subsidio que apenas comienza a pagar?

En una sociedad de mercado como la nuestra ¿cabe el uso de esquemas lógicos fuera de su esfera? Lo que está en peligro es la vida de una fracción de los individuos, que pudiese ser no menor, dependiendo del manejo de la situación. Si una autoridad política planteara que la mejor opción para enfrentar la pandemia es no hacer nada y que enfermen todos quienes deben hacerlo, esa autoridad durará muy poco en su puesto, porque sin consideraciones éticas mínimas una sociedad no se sostiene. Tampoco se puede desechar la observación de las relaciones sociales y culturales, pues hacemos todo esto en conjunto porque somos seres gregarios. Quitarle a la humanidad el sentido social es deshumanizarla.

Si queremos una salida justa a la crisis económica que está provocando la pandemia no puede ser bajo la óptica economicista de tecnócratas con modelos matemáticos hechos con datos de tiempos normales. Esta es una situación anormal y debe ser pensada desde fuera de la caja, porque dentro están las mismas salidas de siempre.

Hay personas que viven de un trabajo precario y lo han perdido. Otras mantienen su trabajo pero con el dictamen hecho por la Dirección del Trabajo no tendrán remuneración. ¿Qué harán estas personas para vivir? Se endeudarán con el almacenero o un pariente o un amigo o solicitarán la caridad de otros, incluso algunos robarán. ¿En qué condiciones económicas y anímicas estarán al final de la pandemia? Habrá descomposición socio-económica.

Como en todas las crisis unos ganan y muchos pierdan. Las relaciones de mercado favorecen a quienes tienen mayor poder económico y más astucia o menos escrúpulos para aprovechar la situación a su favor. A rio revuelto ganancia de pescadores.

Boceto de una salida diferente

Considerando que no es una crisis debido al mercado, me parece justo tener como referencia el momento anterior al problema. Aplicar de manera diferenciada, según el nivel de riqueza, impuestos totales (directos e indirectos) haría que cada uno contribuyera en proporción a su patrimonio a financiar el costo de la crisis. Esto significa que los ricos deben pagar sustancialmente más que los pobres para que el costo de la crisis sea llevado con un criterio de justicia social. También las empresas deben hacer un aporte proporcional al volumen de ventas, pues todos sabemos que las utilidades son ocultadas en los sistemas contables. Así todos seremos más pobres, pero al menos no aumentará la brecha entre ricos y pobres. Así habría recursos para sostener a quienes están cayendo a una situación de pobreza y a quienes están perdiendo sus fuentes de trabajo. Una sociedad solidaria es más cohesionada, tiene más cuerpo. ¿Seremos capaces de lograr hacer algo así?

Por Raúl Acevedo

Santiago de Chile, 1 de abril 2020
Crónica Digital

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