Chile: La dimensión de la crisis que no se quiere ver y las medidas que se requieren con extrema urgencia

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Por Juan Andrés Lagos

En nuestro país, la crisis sanitaria para enfrentar la pandemia, crece y se agudiza.

Voces serias y responsables, advierten que la curva se parece más, día que pasa, a la de naciones europeas.

De igual modo, la crisis social sigue avanzando, y se refleja en despidos masivos; incremento galopante de la cesantía; cierre de pequeñas y medianas empresas; pérdida de fuentes de trabajo; afectación severa al sistema productivo.

Quien no quiera ver esta realidad, estos hechos, y los trate de disminuir; “naturalizar”; y llame a “la calma”, simplemente cae en una insensibilidad e inhumanidad de la cual tiene que hacerse responsable ahora. Sea del sector  político, ideológico o profesional que sea.

La clase dominante chilena, históricamente, ha sido siempre represora; controladora; y las peores formas de dominar a la sociedad, han surgido del brutal concepto de “orden y unidad nacional”. Incluso, en estos días, algunos de ellos hablan con normalidad abismante, de “costos” que hay que pagar, “en muertes”, para recuperar la economía y la “normalidad”.

Pero esta lógica también la han asimilado otros sectores políticos; parte de la élite transversal que se armó bien armada desde la década de los noventa, hasta hoy. Que, incluso en estas dramáticas horas, asimilan esos conceptos y formas políticas para recurrir a los llamados y exigencias del gobierno y los clanes financieros. El efecto de esto, ha sido otorgarle cierto respaldo a las nefastas políticas del gobierno.

Piñera y su régimen, tozudamente, no adoptan las medidas que le exigen trabajadores de la salud; movimientos sociales; la CUT; la Mesa de Unidad Social; fuerzas políticas; expertos salubristas y epidemiólogos. Sube la curva, y se prevé que podemos entrar, en las semanas y meses que vienen,  en una espiral que puede dejar muchas más personas muertas; contagiadas y severamente afectadas.

No pocas medidas que el gobierno ha adoptado, son producto de propuestas de estos sectores; de la presión y protesta social; de barricadas y movilizaciones callejeras.

El gobierno, los partidos que lo apoyan, y los clanes económicos y financieros, buscan imponer una “naturalidad” en relación a los costos humanos de la pandemia. Persisten en el nefasto “plan puente”, que es una gradualidad inconsistente, pero que tiene el respaldo del poder económico y de los medios hegemónicos.

La coherencia de esta posición de clase, brutal en sus consecuencias, está directamente relacionada con la defensa cerrada del modelo de acumulación rentistas; del capitalismo salvaje; de una política económica que, en rigor, busca sacar provecho de la crisis sanitaria. Esto es lo que explica que no se adopten las medidas socio-económicas mínimas, en la dimensión que se requiere. No se considere el Plan Nacional de Emergencia Integral, que ha propuesto la CUT, mientras el peso de las medidas que se adoptan cae en los hombros de  las y los trabajadores; las familias; las medianas y pequeñas empresas, y el sector productivo del país.

Aunque hasta el diario norteamericano, The Washington Post, ha señalado en una editorial que, de esta situación se sale con la “muerte del capitalismo salvaje, o la muerte de la Humanidad”, Piñera, la clase dominante y los clanes financieros, en Chile, mantienen posiciones, al igual que Bolsonaro, Trump, Duque y Moreno.

En el mundo, muchos gobiernos y países adoptan medidas de control del sistema de salud privado; de resguardo del salario; los empleos; las pensiones y, en forma simultánea, inician el proceso de cambio en políticas macroecnómicas que, hasta antes de la pandemia, eran intocables.

No es cierto que la única causa de la recesión de la economía capitalista mundial sea la pandemia. Eso es simplemente una mentira de marca mayor. Esto venía de antes, y obedece a un agotamiento del parasitario modelo de acumulación financiero que se inició en la década de los ochenta del siglo pasado. Efectivamente, la pandemia acelera ese agotamiento, pero también muestra con dramatismo su total sin sentido, ante la urgente necesidad de  construir una economía mundial a escala humana.

Como era de esperar, los países más afectados por el inicio temprano de la recesión son las naciones dependientes y periféricas, como lo ha señalado la CEPAL, organismo de tradición sólida, y que ha pedido considerar medidas de “economía de guerra” para enfrentar el presente y el futuro inmediato. Y Chile está en los primeros lugares, por su fuerte dependencia; modelo de acumulación rentista; y profunda desigualdad que sí afecta también las posibilidades de crecimiento y gasto fiscal.

En este contexto, hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI), guardián pretoriano del capital especulativo-financiero en el mundo,  ha señalado que las naciones periféricas y dependientes deben considerar una revisión de sus endeudamientos, e incrementar sus gastos fiscales.

El FMI, hace sólo 3 meses, aseguraba que al menos 160 países iban a crecer en el año 2020.

Hoy, el mismo FMI sostiene que  170 naciones tendrán crecimiento negativo del ingreso per cápita, el año 2020.

Más todavía, el ente sacro santo del sistema financiero mundial y del capitalismo salvaje, dice ahora que el mundo debe prepararse para una situación de crisis económica planetaria sólo comparable con la ocurrida en  La Gran depresión Mundial. Y, por cierto, ellos ya adelantan que esta debacle afectará a los países más vulnerables.

Pero el FMI no dijo lo que debió decir, desde un comienzo. Como lo hace Piñera en Chile, han ido gradualmente construyendo e imponiendo el escenario de la real crisis.

El FMI dijo, primero, que esta crisis sería igual a la del año 2008. Esto, al inicio de la pandemia.

Luego, semanas después, afirmó que sería peor que la de ese año 2008.

De por medio, reconoció que el mundo entraba en recesión este año 2020.

Ahora, deja caer la bomba: El  impacto será inmenso, como el ocurrido desde la Gran Depresión Mundial.

Las zonas del planeta más afectadas, según el FMI, serán Africa, Asia; y América Latina y El Caribe. Áreas en donde campea la desigualdad; el neoliberalismo y economías rentistas fuertemente controladas por el capital especulativo.

En esos mercados emergentes, ya se ha producido una fuga de 100 mil millones de dólares de inversiones, en carteras. Y los exportadores de materias primas empiezan a sufrir severas consecuencias y restricciones.

Pero también  la economía yanqui y las economías europeas están siendo muy afectadas. Todo indica que, en este proceso, se acelera el camino que lleva a que naciones del BRICS (Rusia; China; India; Sudáfrica) impongan definitivamente una nueva hegemonía económica en el planeta. O, simplemente, se tengan que hacer cargo de la economía mundial que, después de esta crisis, nunca será la misma que era.

Por eso, en estos momentos, es urgente incrementar la presión para que se reactiven los sistemas de integración regional, multilateral y continental. Siendo la base de este esfuerzo, en nuestra región,  la activación urgente de CELAC, y su relación con China y las naciones del BRICS.

La integración es parte de la urgencia, no una opción.

En nuestro país, constatamos que la ola de despidos crece. Son ya decenas de miles y miles. Sólo la asociación gremial que agrupa a las empresas gastronómicas, muchas medianas y pequeñas, estima que en ese sector se podrían perder 150 mil fuentes de trabajo.

De igual forma, la tendencia al no pago de salarios también se incrementa.

En muchas comunas y territorios se constata el surgimiento de ollas comunes, que incluso rompen la cuarentena. Aumentan las y los coleros. Hay más robos. Las chilenas y chilenos de la tercera edad siguen en la casi total indefensión.

Pero el gobierno omite esta realidad.

Hoy, dado esta situación, estamos obligados a empujar lo más fuerte que podamos para que el rumbo cambie y se adopten medidas. Hay condiciones para potenciar correlaciones sociales y políticas de fuerza, que abran el camino. Las protestas, incluso callejeras, crecen por necesidad. La tarea de las tareas, hoy, es empujar en esta dirección de esfuerzo principal. Pero no para seguir dándole respiro al nefasto gobierno y los clanes financieros.

La unidad más amplia, sí, y con urgencia y madurez, dejando de una vez atrás los personalismos; las rencillas menores, que muestran más su pequeñez en estos tiempos de emergencia; las peleas por espacios de poder; en fin, todo lo que impide que esa unidad sí vaya en función de lo que es fundamental: La defensa del Pueblo, de su vida.

Muchas propuestas y medidas ya han sido formuladas, para asegurar la mínima tranquilidad de las familias; de trabajadoras y trabajadores; de estudiantes; de los sectores precarios de la sociedad chilena.  Pero no han sido escuchadas, ni consideradas.

Y hay que decirlo con claridad: Sí, efectivamente, queremos superar ahora este capitalismo salvaje, ¡Por la vida!.

Y esto implica actuar sobre la macroeconomía:

  1. Incrementar con creces el gasto fiscal.
  2. Aumentar significativamente la liquidez de la economía (en un proceso de expansión).
  3. Establecer ya, ahora, un plan de ayuda a las pequeñas y medianas empresas, que no quede en manos de la hiper banca, que en lo único que piensa es en el negocio de la rentabilidad.
  4. Nuevos impuestos de tributación a las y los multimillonarios.
  5. Empujar con las demás naciones del continente (o con las que se pueda hacer consenso) una revisión de las deudas externas y nuevos planes de pago al endeudamiento, tomando el mismo diagnóstico que el propio FMI hace de la crisis.
  6. Control ahora del Estado de todo el sistema de salud privado.
  7. Traspaso de parte de las altas tasas de ganancias de grandes negocios financieros, al sector productivo, bajo control del Estado.

Por la vida; por la pervivencia; por la dignidad en momentos de crisis, es necesario luchar para que se adopten las medidas que se requieren ahora.

Juan Andrés Lagos
Periodista
Miembro de la Comisión política del Partido Comunista de Chile.

Santiago de Chile, 10 de abril 2020
Crónica Digital

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4 Comentarios

    • Al parecer el «sueño americano o la adornada e iluminada vitrina del neoliberalismo» no es mucho mejor que la Venezuela atacada por el sabotaje, el embargo, el bloqueo económico y financiero. Porqué si es tan malo el Proceso Bolivariano, se pone tanto empeño por hacerlo fracasar desde el exterior? Porqué tanto afanes por estigmatizar, tergiversar, deformar o aislar a Venezuela? Porqué tantos esfuerzos por atentados e intentos fallidos de derrocar a Maduro y este se mantiene con el apoyo mayoritario? Son muchas las preguntas que hay que responderse antes de hacer tamañas afirmaciones. Sólo cuando ambos modelos compitan en las mismas condiciones; sólo entonces, tal vez, pudiéramos arriesgarnos a comparar. el CHILE neoliberal de PIÑERA con el PROCESO BOLIVARIANO: INDEPENDIENTE-SOBERANO- INTEGRADOR-

  1. Quién escribió esto, se refleja exactamente y con certeza el famoso sdichi: «NO HAY PEOR CIEGO EL QUE NO QUIERE VER»..La realidad es otra..

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