A 35 años de un hecho clave de la historia de las luchas sociales contra la dictadura

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El encuentro ocurrió una tarde otoñal del miércoles 11 de abril de 1985. Un diálogo casual y breve, pero intenso en sus contenidos y proyecciones, que dio origen al Comité Pro FESES (Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago). Ocurrió en el añoso edificio que era sede de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, en Huérfanos con Almirante Barroso. En ese lugar se reunía, cada semana, el zonal centro del Coordinador de Organizaciones de Enseñanza Media (COEM), que agrupaba a los estudiantes identificados con la Izquierda.

Víctor Osorio, uno de los coordinadores del COEM y militante de la Izquierda Cristiana (IC), conversaba después de una reunión con Nelson Flores, también militante de la colectividad. Se encontraban a punto de abandonar el lugar, cuando ingresaron Patricio Rivera y Carlos Olivares, presidente y vicepresidente de la Agrupación Secundaria de Estudiantes Cristianos (ASEC), expresión visible del estamento estudiantil de la Juventud Demócrata Cristiana. Osorio los conocía, pero nunca antes habían conversado. Hasta entonces, el COEM y la ASEC habían caminado por separado, a raíz de sus diferencias sobre la forma de enfrentar a la tiranía y esta bifurcación había dificultado la conformación de un movimiento social, en forma, al interior los liceos.

Rivera le dijo a Osorio que había ingresado ese mismo año al Liceo A Nº 12 de Providencia, que la ASEC había logrado un trabajo coordinado con el CODE (Comité Democrático, las bases del COEM), que querían extender las acciones comunes a todo nivel, que pensaban que era necesario un paso adelante en materia de unidad de los estudiantes democráticos. Osorio les propuso una reunión formal, en el corto plazo, para definir la fórmula de unidad, “que el COEM, desde siempre, ha considerado indispensable”.

La conversación se dio en circunstancias de una violenta embestida represiva, incluyendo la vigencia del Estado de Sitio desde noviembre del año anterior. La rebeldía de los jóvenes chilenos recibía el cruel castigo de la dictadura. Al anochecer del 29 de marzo, los hermanos Eduardo y Rafael Vergara Toledo fueron acribillados por Carabineros, en las cercanías de la Villa Francia. Rafael, ex alumno del Liceo de Aplicación, en 1983 había participado en los primeros pasos del movimiento estudiantil secundario.

Al mismo tiempo, en la mañana de ese mismo día 29 de marzo José Manuel Parada fue secuestrado cuando llevaba a su hija Javiera al Colegio Latinoamericano de Integración, en avenida Los Leones. En esa ocasión fue también secuestrado Manuel Guerrero, profesor e inspector del establecimiento y presidente del Consejo Metropolitano de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH). Sus hijos, los liceanos Javiera Parada y Manuel Guerrero, participaban en el COEM. Luego de una intensa e infructuosa búsqueda, el 30 de marzo se hallaron sus cuerpos degollados en el camino que une Quilicura con el Aeropuerto de Pudahuel.

En la tarde del martes 9 de abril, Oscar Fuentes Fernández, un estudiante de 18 años, fue asesinado por carabineros, luego que concurriera a una manifestación con el CODE del Liceo Amunátegui de Santiago. Lo acribillaron por la espalda.

Los hechos no pasaron desapercibidos en el COEM. Así, emprendieron la toma del Liceo Industrial Chileno–Alemán, en la Plaza Ñuñoa. En este establecimiento estudiaba Laurence Maxwell, otro de los coordinadores del COEM y militante de las Juventudes Comunistas. La toma se concretó en la mañana del miércoles 10 de abril, protagonizada por los alumnos del propio establecimiento y por estudiantes democráticos de diferentes liceos de Santiago. Según consignó “Prensa Libre”, uno de los medios que la oposición hizo circular en el Estado de Sitio, el recinto fue rodeado por ocho buses policiales, además de un gran contingente de fuerzas policiales del Comando Cobra, los que se movilizaban en tanquetas. La policía procedió por la fuerza al desalojo.

Ese era el marco en que se desarrolló el encuentro entre Osorio y Rivera, hace 35 años.

Rivera me contó “empecé a ver que no sacábamos nada con unos para acá y otros para allá”. Agregó que en el interior del PDC, “incluso me tildaron de izquierdista, de comunista encubierto, pero había que salir para afuera y, en definitiva, había que converger con los otros actores de la política democrática, que era las fuerzas de la Izquierda. Así tuve una conversa con Víctor Osorio. Fue la primera persona de la Izquierda con la que tomé contacto en 1985”. Rememoró que por aquellos días iba frecuentemente a la Comisión Chilena de Derechos Humanos y que en su afán de contactar a la izquierda incluso dejó un recado a Osorio con el portero del organismo en búsqueda de una reunión con el COEM. Aunque “no nos conocíamos”, recordó que ese primer y determinante encuentro fue “muy simpático”. Detalló: “Le propuse que hiciera un puente con los comunistas y socialistas, que hiciéramos una mesa de trabajo”…

La primera reunión formal del COEM y la ASEC se realizó el sábado 13 de abril, en una casona de propiedad de la JDC en la calle Carrera, donde funcionaba el “Centro de Estudios Claudio Orrego Vicuña”. El diálogo fue más fluido de lo que pensaron los convocados. Osorio esbozó una propuesta que logró rápido consenso. “Construyamos una coordinación entre el COEM y la ASEC, sin que nadie renuncie a su identidad propia ni tampoco a su independencia organizativa”, sostuvo. Indicó que el contenido para la unidad del movimiento estudiantil deberían ser las demandas sociales que contemplaba el pliego reivindicativo diseñado por el COEM el año anterior y que se ocupara “la movilización social y la desobediencia civil” como estrategia.

Los jóvenes de la AEC aportaron que el objetivo principal sería la reconstrucción de la Federación de Estudiantes Secundarios y además propusieron el nombre: Comité Pro FESES.

Hubo luego una sucesión de reuniones en la sede de la JDC en calle Fanor Velasco N° 19, la que coincidentemente había sido el lugar de funcionamiento de la FESES hasta su quiebre en 1972. De allí devino la idea de establecer un Consejo de Centros de Alumnos y un Comité Ejecutivo con una estructura horizontal que actuaría por consenso, el que quedó integrado por Patricio Rivera (JDC), Víctor Osorio (IC), Gonzalo Durán (JS) y Lawrence Maxwell (JJCC).

El viernes 3 de mayo de 1985, por fin, se reunía por primera vez el Comité Pro FESES en las dependencias del “Centro de Estudios Claudio Orrego Vicuña”. Una centena de expectantes dirigentes de los liceos de la Región Metropolitana daban un paso que marcaría la historia social del movimiento estudiantil y la historia del enfrentamiento a la dictadura en los 80.

De ese espacio nació la multitudinaria Toma del Liceo A 12 Arturo Alessandri de Providencia que se inició a primera hora de la mañana invernal del 10 de julio de ese año. La imagen forma parte del patrimonio de nuestra memoria. Víctor Osorio, megáfono en mano, estaba de pie en el estrado de cemento utilizado para los “actos cívicos” en el establecimiento. “Exigimos el fin del modelo de educación de mercado impuesto por la dictadura. Exigimos democracia en nuestros liceos y exigimos también democracia en nuestro país”, declamaba.

Un par de anónimos alumnos del propio establecimiento, una muchacha y un varón, se subieron sin previo aviso al estrado portando dos fotografías oficiales de Augusto Pinochet, sacadas desde la Rectoría. Y las quemaron en medio de la algarabía colectiva. En los techos se instalaron mesas y sillas, y un amplio grupo de estudiantes con la disposición de defender la ocupación. En diferentes puntos se desplegaron banderas chilenas y lienzos. Uno de ellos proclamaba: “Seguridad para estudiar, libertad para vivir”.

A las nueve y media de la mañana, un impresionante despliegue policial con helicópteros, tanquetas, radiopatrullas, furgones, buses, carros lanza–agua y lanza–gases estableció duro cerco al liceo. Comenzaron por impedir el paso de los numerosos curiosos y los apoderados que reunieron. Llegaron además equipos de todos los medios de comunicación: por primera vez, la opinión pública posaba su mirada en la rebeldía de los estudiantes secundarios. La revista opositora “Cauce” comentó luego que se trataba de adolescentes que “toda su vida la han hecho bajo signo de la dictadura militar y del neoliberalismo que exalta Pinochet”. Agregó que, por lo tanto, “debieran ser el producto más genuino de este régimen”. Pero, enfatizaron, “algo falló, algo no anduvo en la extirpación del cáncer”.

La toma terminó con unos 350 adolescentes detenidos en el marco de un violento operativo de desalojo policial. Y precipitó la salida del Ministro de Educación Horacio Aránguiz.

Desde el Comité Pro FESES se organizaron, asimismo, las masivas e innumerables marchas por las Alamedas, rumbo a la Secretaría de Estado y La Moneda; los Trabajos Voluntarios en territorio mapuche; y el gigantesco paro nacional de los estudiantes secundarios contra la municipalización de la enseñanza en el primer semestre de 1986, en el que centenares de miles de jóvenes por meses se tomaron los liceos y ocuparon las alamedas y las calles principales. Y además fueron parte del llamado a parar todo Chile, junto a la Asamblea Nacional de la Civilidad, el 2 y 3 de julio de 1986.

Por aquellos días, el sello EMI editaba en todo Chile y América Latina el primer disco de un nuevo conjunto musical de rock. Se llamaban “Los Prisioneros”, su álbum se denominaba “La Voz de los 80” y en su single homónimo proclamaba que “algo grande está naciendo en la década de los 80”. Fue un himno para los estudiantes secundarios: “En plena edad del plástico / seremos fuerza / seremos cambio / No te conformes con mirar / en los 80 tu rol es estelar / tienes la fuerza / eres actor principal”.

El período del Comité Pro FESES fue indudablemente la etapa del movimiento estudiantil secundario en tiempos de la dictadura militar en que logró mayores niveles de convocatoria social y visibilidad en la agenda pública. Fue, por tanto, el tiempo en que tuvo un papel más determinante en la desestabilización del régimen y en la creación de las condiciones para ponerle término.

El relato oficial de la transición pactada pretendió invisibilizar para siempre este fragmento clave de la historia del enfrentamiento a la dictadura. Por cierto, fue inútil y esta historia ha llegado a otros oídos receptivos entre las nuevas generaciones de estudiantes. Además, los que fuimos parte de la Generación de los 80 desde el territorio de los liceos, asumimos sin pudor que fue una experiencia que marcó para siempre nuestras vidas y tenemos la certeza de que –como dice la canción “What I did for Love” de Glee– “hicimos lo que teníamos que hacer, no olvidaremos, no nos arrepentiremos de lo que hicimos por amor”.

Por Juan Azócar Valdés. Periodista y autor del libro “La Rebelión de los Pingüinos: Apuntes para una Historia del Movimiento Estudiantil Secundario en Dictadura”.

Santiago, 11 de abril 2020.

Crónica Digital.

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