El consenso como ethos social y político del proceso asambleario constituyente

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El consenso es la realización de un proceso asambleario constituyente en espacios microsociales.

La primera campaña presidencial de una fémina en Chile, Gladys Marín, es una crítica social al modelo neoliberal impuesto por Augusto Pinochet durante la dictadura militar de 1973 a 1990, a través de la Constitución redactada por Jaime Guzmán en 1980, sin una sola forma de participación social y ciudadana del pueblo.

La dirigenta social Roxana Miranda, de la Asociación Nacional de Deudores Habitacionales, en su campaña presidencial realizó una provocación a la ciudadanía para un proto proceso asambleario, para imaginar la Nueva Constitución. En éste se tomó registro a pobladores y pobladoras, inclusive recopilando los dibujos de niños y niñas, en testimonios para las nuevas generaciones.

En el período presidencial de Michelle Bachelet se anunció el proceso constituyente desde el Ejecutivo. En distintos espacios, concatenados de abajo hacia arriba, desde los barriales hasta los comunales, provinciales y regionales, se discutieron los aspectos de derechos y administración de la Nueva Constitución. El plebiscito con tres opciones, propuesto como una posibilidad para el inicio de una Asamblea Constituyente, no tuvo agenda política.

Pero se abrió espacio a partir del estallido social de octubre del recién pasado año 2019, que pide el fin del período presidencial de Sebastián Piñera, para la creación de un Estado Protector de derechos sociales, con un Sistema de Protección Social, con abastecimiento para los trabajadores y emprendedores, las personas pobres y las clases medias críticas; a través de una Economía Social, con decisión de las personas y sus familias, además de un gasto fiscal y un mercado solidario, con equilibrios macroeconómicos. También superando la contradicción, en la relación planetaria, entre los flujos mundiales de capital y trabajo, generadora del sujeto social proletariado global, que se da desde el fenómeno migratorio

En los espacios macrosociales, previos al Coronavirus, como discurso de ethos político, el proceso asambleario constituyente transitaba en el devenir hacia el plebiscito del 26 de abril de 2020, como un marcar el voto AC al votar “Yo Apruebo” una Nueva Constitución y optar por la Convención Constitucional. Luego se dio la recalendarización del plebiscito para octubre del año en curso y de las elecciones municipales y regionales para abril y mayo del 2021.

La genealogía de los movimientos sociales de la tierra chilena puede situarse en el “¡Fuera a Piñera!”, desde la base social y política, de la revuelta que devino rebelión, de la rebelión que se dio a devenir en revolución y en democracia directa, ejercida como presión a los poderes públicos con asambleas barriales, cabildos y otras formas asamblearias de discusión constitucional sobre la Nueva Carta Fundamental, en favor del cumplimiento de nuestros anhelos de felicidad, ejercidos como derechos.

Por Waldo Arriagada Peñailillo. El autor es sociólogo y diplomado en Sociodemografía de las Migraciones. Es militante del Partido Progresista.

Santiago, 19 de abril 2020.

Crónica Digital.

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