Notas sobre la Pandemia del COVID–19 y los Derechos Humanos

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Declaración del Secretario General de ONU, Antonio Guterres

La pandemia COVID–19 es una emergencia de salud pública, pero es mucho más.  Es una crisis económica, una crisis social y una crisis humana que se está convirtiendo rápidamente en una crisis de derechos humanos.

En febrero, hice un llamamiento a la acción para poner la dignidad humana y la promesa de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el centro de nuestro trabajo.  Como dije entonces, los derechos humanos no pueden ser una idea tardía en tiempos de crisis, y ahora nos enfrentamos a la mayor crisis internacional en generaciones.

Hoy publico un informe que destaca cómo los derechos humanos pueden y deben guiar la respuesta y la recuperación de COVID–19.  El mensaje es claro: las personas y sus derechos deben estar al frente y en el centro.

Una lente de derechos humanos pone a todos en el cuadro y asegura que nadie se quede atrás. Las respuestas de derechos humanos pueden ayudar a vencer la pandemia, centrándose en el imperativo de la atención sanitaria para todos.  Pero también sirven como un sistema de alerta esencial, que pone de relieve quiénes son los que más sufren, por qué y qué se puede hacer al respecto.

Hemos visto cómo el virus no discrimina, pero sus impactos sí, exponiendo profundas debilidades en la prestación de servicios públicos y desigualdades estructurales que impiden el acceso a los mismos.  Debemos asegurarnos de que se aborden adecuadamente en la respuesta.

Vemos los efectos desproporcionados en ciertas comunidades, el aumento de la incitación al odio, la focalización en los grupos vulnerables y los riesgos de que las respuestas de seguridad de gran envergadura socaven la respuesta sanitaria.  En el contexto del aumento del etno–nacionalismo, el populismo, el autoritarismo y el retroceso de los derechos humanos en algunos países, la crisis puede servir de pretexto para adoptar medidas represivas con fines no relacionados con la pandemia.

Esto es inaceptable.  Más que nunca, los gobiernos deben ser transparentes, receptivos y responsables.  El espacio cívico y la libertad de prensa son fundamentales.  Las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado tienen funciones esenciales que desempeñar.

Y en todo lo que hagamos, no lo olvidemos nunca:  La amenaza es el virus, no las personas.  Debemos asegurarnos de que todas las medidas de emergencia, incluidos los estados de excepción, sean legales, proporcionadas, necesarias y no discriminatorias, tengan un enfoque y una duración específicos y adopten el enfoque menos intrusivo posible para proteger la salud pública.  La mejor respuesta es la que responde proporcionalmente a las amenazas inmediatas, protegiendo al mismo tiempo los derechos humanos y el estado de derecho.

Mirando hacia el futuro, debemos reconstruir mejor.  Los objetivos de desarrollo sostenible, que se sustentan en los derechos humanos, proporcionan el marco para lograr economías y sociedades más inclusivas y sostenibles.  El fortalecimiento de los derechos económicos y sociales refuerza la capacidad de recuperación a largo plazo.  La recuperación también debe respetar los derechos de las generaciones futuras, potenciando las medidas climáticas encaminadas a la neutralidad del carbono para 2050 y protegiendo la biodiversidad.

Todos estamos juntos en esto.  El virus amenaza a todos.  Los derechos humanos nos elevan a todos. Respetando los derechos humanos en esta época de crisis, construiremos soluciones más eficaces e inclusivas para la emergencia de hoy y la recuperación de mañana.

Gracias.

Actividad de la diplomacia internacional por el multilateralismo, KC y conflictos

Es bueno saber ahora que estamos aislados, que somos un archipiélago, pero no estamos solos. Junto a las reuniones virtuales del Grupo de Puebla por la unidad de los pueblos de Latinoamérica y su reciente declaración en apoyo de los esfuerzos de Naciones Unidas (UN) por mantener respuestas comunes de los países para contener la pandemia, hemos reproducido la declaración de la Secretaria General de la Convención Marco de Naciones Unidos de Cambio Climático (CMNUCC), Patricia Espinoza, asegurando que se sigue trabajando a distancia por lograr los objetivos de reducción de emisiones y que hoy más que nunca es necesario establecer sólidas bases a la alianza entre Ciencia y Política.

En este escenario de gran actividad por establecer canales multipolares de dialogo basado en la evidencia científica, es conveniente rescatar la presentación de un nuevo informe del Centro de Investigación de Políticas de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), del 2 de abril, que tiene como objetivo apoyar tanto a las Naciones Unidas como a sus socios en el desarrollo de enfoques que incorporen los datos de la emergencia climática para la prevención de conflictos.

En resumen, se señala que las Naciones Unidas están intensificando sus esfuerzos para hacer frente a los riesgos de seguridad relacionados con el clima, en medio del creciente reconocimiento del papel que desempeña el cambio climático en la exacerbación del riesgo de conflictos.

Los cambios relacionados con el clima en los recursos hídricos, la seguridad alimentaria, el aumento del nivel del mar, los riesgos de inundaciones y las pautas de migración ya están repercutiendo en la estabilidad de muchos Estados para hacer frente a la situación.

Ante las advertencias de “guerras climáticas” inminentes, impulsadas por una dramática escasez de recursos clave a medida que el mundo se recalienta, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha colocado explícitamente el cambio climático como un aspecto central del programa de prevención de las Naciones Unidas, al igual que los principales Estados Miembros.

Las Naciones Unidas han introducido recientemente un conjunto de medidas para que la organización esté en mejores condiciones de prevenir los conflictos. Entre ellas, figuran una mejor planificación y coordinación con otros agentes, así como la creación de un Mecanismo de Seguridad Climática, que abarca tres entidades de las Naciones Unidas, con un pequeño pero dedicado conjunto de capacidades para ayudar a mejorar el análisis de los riesgos de seguridad relacionados con el clima en el sistema de las Naciones Unidas y la respuesta a los mismos.

El nuevo informe del Centro de Investigaciones sobre Políticas de la UNU entrega: 1) Una revisión bibliográfica que abarca el conocimiento científico sobre los vínculos entre el cambio climático y los conflictos violentos; 2) Estudios de casos exhaustivos sobre la dinámica de la seguridad climática en Bangladesh y Nigeria; y 3) Conclusiones y recomendaciones transversales para el sistema de las Naciones Unidas.

Entre las principales recomendaciones del nuevo informe figuran la creación de capacidades de previsión, el análisis de los impactos directos, la adopción de respuestas transfronterizas y la prioridad de la seguridad climática en el debate más amplio sobre el clima.

Las principales recomendaciones transversales son las siguientes:

  1. Analizar los impactos indirectos.
  2. Centrarse en la gobernanza, no sólo en la escasez.
  3. Fomentar la capacidad de previsión.
  4. Buscar la inadaptación y la desigualdad.
  5. Adoptar respuestas multiescalares y transfronterizas.
  6. Construir un lenguaje común para la seguridad climática.
  7. Priorizar e incluir la seguridad climática en el debate más amplio sobre el clima.
  8. Fortalecer la gestión del conocimiento y construir una base de pruebas.

https://unfccc.int/news/un-steps-up-response-to-climate-related-security-risks

Sin duda que éste material ha de servir de material de estudio y seguimiento para orientar  las políticas en la coordinación y apoyo de la actividad política del Grupo de Puebla.

Rainer Hauser. El autor es parte de la Red de Profesionales de Fundación Progresa.

Santiago, 2 de mayo 2020.

Crónica Digital.

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