A 30 años de la partida de Clotario Blest: la opción por la no violencia y la radicalidad del compromiso

El fundador y primer presidente de la Central Única de Trabajadores (CUT), Clotario Blest, partió de este mundo hace 30 años, en mayo de 1990. Murió con la profunda amargura de constatar que la salida a la dictadura había sido negociada, que su Constitución seguía en pie a merced del cálculo de la Concertación y que el tirano había abandonado Lo Moneda con alfombra roja.

Ello puede resultar sorprendente para los que piensan que la opción de Clotario Blest por la no violencia activa hubiera sido equivalente a que fuera una especie de beato, pacifista y conciliador, lo que ciertamente solo puede ser imaginado desde el lugar de la ignorancia de la historia. Un rasgo constante de la conducta política y social de Clotario fue, siempre, la intransigencia en la defensa de los principios y la radicalidad para enfrentar a los poderosos.

Si alguien conocedor de la política chilena durante la vida de Clotario hubiera escuchado que el sindicalista era un claudicante, un moderado o amarillo, sin duda se hubiera reído a gritos.

Clotario Blest hizo una definición por la no violencia activa como una opción de coraje, que consistía en poner el propio cuerpo como arma para enfrentar a los poderosos. Ello jamás significó pasividad o disposición a negociar lo intransable. Cuando se revisa su período como presidente de la CUT, entre 1953 y 1961, se puede observar que su posición siempre se orientó a empujar la movilización de los trabajadores, a promover la acción directa, a desarrollar el enfrentamiento contra los patrones y sus gobiernos.

De hecho, el detonante de que las burocracias sindicales desplazaran a Clotario de la CUT fue su firme decisión de no dar un paso atrás en el enfrentamiento al “gobierno de los gerentes” de Jorge Alessandri, convocando nuevos paros nacionales, lo que se contraponía con la decisión claudicante de los burócratas que pretendían abrir diálogo con el Ejecutivo.

Su opción preferente por la no violencia activa no significaba que abominara del camino de la insurrección, cuando se cerraban otros caminos. Fue de los primeros chilenos en viajar a Cuba en 1960, luego del triunfo de su revolución, se reunió con el comandante Ernesto Che Guevara y formó el primer comité de solidaridad chilena con la Revolución Cubana. Desde entonces siempre señalaría que sus referentes eran Jesucristo, Gandhi y el Che Guevara.

En el marco de la agudización de las confrontaciones al interior de la CUT, entre los que propugnaban un camino institucional y de negociaciones versus los que optaban por la acción directa y la autonomía sindical, como Clotario, éste tomó la decisión de organizar el Movimiento 3 de Noviembre (M3N), en conmemoración de la fecha de un paro nacional iniciado ese día de 1960.

Al Movimiento 3 de Noviembre llegaron cuadros sindicales, políticos y sociales de lo que hoy se podría denominar “ultraizquierda”: trotskistas, maoístas, anarquistas, admiradores del foco guerrillero al estilo guevarista, todos articulados en torno a la figura de Clotario Blest. Allí estaban anarcosindicalistas como Ernesto Miranda, y también los trotskistas del Partido Obrero Revolucionario (POR), con grandes dirigentes como Humberto Valenzuela y Luis Vitale, hoy recordado por su obra “Interpretación Marxista de la Historia de Chile”.

Desde allí se dio el paso de formar el Movimiento de Fuerzas Revolucionarias (MFR), el que también quedó bajo la conducción de Clotario y que logró agrupar a parte significativa de lo que se denominaba la “izquierda revolucionaria”. Esta articulación fue la base sobre la cual en 1965 se formó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en un congreso que estuvo bajo la presidencia de Clotario y se realizó en un local sindical anarquista de la calle San Francisco N° 268 en el centro de Santiago.

Hay quienes critican hoy, desde la perspectiva de una supuesta radicalidad, que Clotario abandonó un par de años después el MIR. Pareciera que creen que fue por el asunto de la lucha armada, en circunstancias que ese planteamiento estuvo presente en el Congreso Constituyente del MIR e incluso era parte del debate previo en el MFR. Ciertamente esa crítica es extraña, además, pues ninguno de los fundadores de esa organización le reprocharon nunca esa decisión.

Clotario abandonó el MIR porque era un libertario, que creía que la radicalidad en la lucha pasaba por la autonomía y horizontalidad de las organizaciones, y por tanto no compartió la concepción verticalista de organización que se terminó imponiendo en el mirismo.

Pero la vinculación política siguió existiendo. En la etapa final del Gobierno de la Democracia Cristiana, formó el Comité de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales (CODEHS), para aportar a la protección de los derechos de los militantes del MIR, perseguidos, sometidos a flagelaciones y encarcelados. En el Gobierno de la Unidad Popular, también se la jugó por defender la vida y derechos de los militantes de la VOP, aunque ello significara la crítica de la izquierda en el gobierno.

También en los tiempos de la UP, Clotario accedió a presidir el FTR (Frente de Trabajadores Revolucionarios), en el que se agruparon los sindicalistas del MIR y otros sectores de la izquierda radical que miraba con desconfianza el camino de la “vía chilena al socialismo”.

Después del golpe de Estado, estuvo entre los primeros que asumió la defensa de todos los perseguidos, sin tener protección de entidades clericales o de organismos internacionales, para lo cual reactivó el CODEHS, que funcionaría en forma semiclandestina en su propia casa, la misma donde se formó la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.

En los tiempos de la dictadura, Clotario Blest no abandonó nunca las calles, asumiendo con consecuencia el desafío de la no violencia activa, que siempre asumió como un camino de enfrentamiento al opresor. Y como fue siempre en su vida, desconfió de las componendas a espaldas del pueblo: por ello, estuvo en contra del plebiscito de 1988, nunca creyó en eso de que la “alegría ya viene” y, como lo dijo a la prensa, siempre pensó que era una forma de poner atajo a la lucha del pueblo, aceptando las reglas de la Constitución y garantizando la perpetuación del sistema y el modelo. Casi nadie lo escuchó. Parece que no estaba tan equivocado.

Clotario fue mi Maestro y estoy agradecido de la vida por haberme permitido caminar a su lado por casi dos décadas, desde que en un lejano día de octubre de 1970 corrí tras suyo por la calle Arturo Prat, luego de un acto en la Casa Central de la Universidad de Chile, que fue organizado por el Movimiento de Pobladores Revolucionarios (MPR). Cuando lo alcancé, le pedí ser su discípulo. Y lo acompañé hasta que partió el 31 de mayo de 1990. Por eso, preservar su memoria será, para siempre, un desafío permanente.

Por Oscar Ortiz. El autor es historiador. Entre 1970 y 1990, fue uno de los principales discípulos y colaboradores de Clotario Blest.

Santiago, 31 de mayo 2020.

Crónica Digital.

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