Por Camilo Lagos: Palabras en el Primer Aniversario de Unidad para el Cambio

Por su interés, reproducimos la intervención del presidente nacional del Partido Progresista de Chile, Camilo Lagos, en el acto de aniversario de Unidad por el Cambio.

Muy buenos días a todas, todos y todes quienes siguen este acto de celebración del primer año de la Unidad para el Cambio.

Un abrazo (o un codo), a todes, todas, todos, compañeros y amigos, que hoy deben estar en sus casas, encerrados, cuidándose y cuidando al otro, porque estar en casa es también un acto de generosidad y preocupación por el otro y otra.

Saludar primero a los compañeros y compañeras de los partidos amigos que hoy nos acompañan, a sus dirigentes y dirigentas, lidereses y lideresas.

Y permítanme saludar también, con especial cariño, a las y los militantes progresistas. A mis compañeres de luchas y sueños diarios. De sudor y sacrificio. Porque la militancia es un hermoso acto de compromiso y compañerismo, pero también de sacrificio y muchos sinsabores, sobre todo cuando no se es del agrado de los poderosos.

Hace un año, nos reuníamos en el ex Congreso Nacional, para dar vida formal a la Unidad para el Cambio. Espacio de coordinación política, programática, territorial, legislativa y electoral del Partido Comunista, la Federación Regionalista Verde Social y el Partido Progresista de Chile.

Se materializaba así un anhelo: el de la UNIDAD. Fueron casi seis meses de encuentros y diálogos políticos y programáticos previos, en los que fuimos dando forma y cuerpo a este esfuerzo unitario. Unidad que hemos ido tejiendo, con paciencia de tejedora mapuche, lazos de confianza, tan importantes, pero tan ajenos a la política en estos tiempos. Confianza que ha sido base para la solidez de este espacio de encuentro político, y que quedara demostrado en los momentos claves a los que hemos tenido que enfrentarnos en este año de vida política.

Para las y los progresistas, la búsqueda de la UNIDAD de las fuerzas transformadoras se ha convertido en nuestra prioridad. Creemos profundamente en el imperativo moral de lo que significa la UNIDAD, sobre todo en estos tiempos de oscurantismos políticos por los que han venido atravesando nuestros pueblos, con la crisis y derrotas -tramposas la mayoría- de las experiencias progresistas de las décadas anteriores.

Por cierto, y lo hemos dicho más de una vez: recociendo nuestros propios errores, de no haber hecho los esfuerzos y sacrificios suficientes para articular y unir, o no haber comunicado mejor nuestras diferencias.

Por eso, desde la misma noche de la primera vuelta del 2017, fuimos claros y vehementes en la necesidad de la UNIDAD. En la necesidad de hacer frente al avance de la derecha empresarial y fascista, en nuestro país y en nuestra América. Y pusimos todo nuestro capital, golpeado dura e injustamente por esos días, y toda nuestra energía y esfuerzo en esa dirección. Lo saben las y los compañeros comunistas, con los que firmamos en las horas posteriores a la primera vuelta, un decálogo programático con miras a la segunda vuelta presidencial de ese año.

Desde entonces, hemos trabajado por esa UNIDAD. Dentro del mismo progresismo, con el ensanchamiento del PRO a través de la fusión e incorporación con otras culturas progresistas. Y a la vez, con otras fuerzas políticas, como lo es con el PC y el FREVS en la Unidad para el Cambio, pero también en el espacio de Chile Digno, que hemos cultivado con esmero y urgencia, con compañeros y compañeras con los que nos encontramos (o nos re–encontramos mejor dicho) en las calles y plazas, con el levantamiento popular de octubre del año pasado.

Pero sabemos que no es suficiente para vencer a la poderosa derecha, ultraconservadora y violadora de derechos humanos, que gobierna nuestro país.

Por eso, desde aquí, les decimos a nuestras compañeras y compañeros de otras fuerzas políticas de la oposición, que las y los progresistas vamos a seguir trabajando por la más amplia UNIDAD, que ese es nuestro imperativo ético.

Debemos ser responsables con las y los chilenos, pero también con las y los latinoamericanos. Para que no hayan más Gustavo Gatica ni Camilo Catrillanca ni Fabiola Campillay, para que no haya más ollas comunes, ni gente muriendo en sus casas sin atención médica, ni niñas haciendo sus tareas en los techos de sus casas, para que no haya más Grupos de Lima ni amenazas de invasión extranjera, para que cese la división y retomemos la senda de la unidad latinoamericana, único camino para afrontar los retos del siglo XXI para nuestro continente.

Nuestro pueblo ha hecho ya su parte. Ha hablado claro, por millones en calles y plazas. Ha conquistado, con enormes costos, un proceso constituyente.  Le debemos un esfuerzo mayor de nuestra parte.

Ya nos lograron dividir en noviembre. Y seguramente tenemos lecturas distintas para lo que fue ese proceso, pero es tal el desafío que tenemos por delante, es tal la crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo y viviremos, es tal el mal gobierno que tenemos, es tal su indolencia y su prepotencia, que no caben los reproches entre nosotros, solo el estar a la altura de nuestra gente, y hacer los esfuerzos para avanzar unidos, dejando nuestras diferencias y desconfianzas de lado, y enfrentando con coraje los desafíos que tenemos.

Piñera sabe que se irá derrotado al final de su gobierno. Que ya no se ganó el cariño de la gente y mucho menos su admiración. Por eso, ahora, solo le importa él mismo, su agenda, sus amigos y la privatización de la fe pública.

Por eso, la pandemia, lejos de ser una preocupación por la salud pública de nuestro pueblo, ha sido vista como una oportunidad de aprovechamiento para el régimen. Hemos visto al Piñera más villano. Si el de octubre era el que se escondía y mandaba a reprimir y cercenar los ojos de nuestros y nuestras jóvenes, el de hoy se aprovecha de la calamidad para beneficiar el enriquecimiento de una élite. Que todo sufrimiento lo convierte en mercancía. Que no está dispuesta a perder. El que quiere socializar sus pérdidas, una vez más.

En vez de fortalecer la economía local, poniendo plata en el bolsillo de la gente, empujando el consumo y la liquidez de la economía local, Piñera se burla de Chile y ofrece cajas de alimentos, con $10.000 para alimentos, $10.000 para proselitismo y $10.000 para sus amigos.

Como no entiende de dignidad y juega con ella, Piñera sueña con sacarse una selfie mientras entrega una caja de alimentos. Ha sido vergonzoso el show en el que han convertido esta crisis. Anunciando victorias anticipadas, abriendo centros comerciales como símbolos de victoria junto a su heredero político (Joaquín Lavín), mientras la curva de contagios iba en aumento, ¿qué importaban si eran los más pobres quienes se estaban empezando a contagiar?

Piñera ha intentado cambiar el tono y ahora nos dice que somos una “familia”, en la que un “padre no abandona a sus hijos”. Qué metáfora más infeliz, ya que este “padre” está sido acusado de violencia intrafamiliar por quitarle la vida y mutilar a cientos de sus mal llamados “hijos”. Ni los chilenos y chilenas somos sus hijos ni él el padre de nadie. Si lo es el padre de la injusticia, de la desigualdad, del abuso y por eso lo vamos a desalojar el 2021.

Piñera nos dice también ahora, que quiere «poner en cuarentena nuestras diferencias”, bueno, que comience entonces poniendo en cuarentena los negociados de su gobierno, una cultura de abusos y la enorme altanería con la que han dirigido esta crisis de salud.

Piñera ha gobernado y lo seguirá haciendo en base a ocurrencias. Se le ocurre una idea y la lanza sin estudiarla, medirla, discutirla o pensar en sus consecuencias. Es sordo (porque no escucha a los especialistas y a la ciudadanía), es ciego (porque ignora que hay hacinamiento y enormes carencias), pero lamentablemente no es mudo (porque le gusta hablar todos los días, aunque no tenga mucho que decir).

Por eso nos engañemos: este nuevo acuerdo al que llama Piñera no sería necesario si su gobierno hubiera conducido bien esta crisis y el estallido social. El nuevo “acuerdo” es una forma de dividir las culpas, mientras él y sus ministros posan para las cámaras entregando cajas de alimentos.

Ellos defienden intereses y nosotros valores, nuestra postura es irreconciliable con la de ellos, porque no se puede defender intereses sin renunciar a valores y nuestros valores son la gente.

Frente a esto, debemos hacernos una pregunta y reflexionar, en silencio y en conjunto: ¿Cómo hacemos frente a este gobierno sin corazón?

Los y las progresistas creemos que con CORAJE y UNIDAD. Coraje para enfrentar las malas políticas de este gobierno. Unidad para defender la dignidad de nuestra gente. Coraje para decirle no a sus cantos de sirena. Unidad para que no nos vuelvan a enemistar. Coraje para enfrentar sus falsos llamados de unidad. Unidad para construir verdaderas respuestas a la crisis. Coraje para decirle no a sus recetas neoliberales. Unidad para promover un Estado protector. Coraje para enfrentar los ataques mediáticos de una prensa servil a los intereses del gran empresariado. Unidad para alzar nuestra voz en medio de crisis y ser luz de esperanza para tantos compatriotas que esperan de nosotros más compromiso y lealtad.

Lo hemos repetido muchas veces, y lo decimos una vez más: solos se llega más rápido, juntos se llega más lejos.

Ahí está nuestra hoja de ruta:

Coraje para hacer frente a los turbulentos meses que se avecinan.

Unidad, para salir de la tormenta JUNTOS y JUNTO a nuestra gente.

Humildad para la unidad, unidad para la dignidad.

Por Camilo Lagos. El autor es presidente nacional del Partido Progresista de Chile.

Santiago, 3 de junio 2020.

Crónica Digital.

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