La ciencia establece que los humanos somos capaces de regenerar cartílagos

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Los humanos y otros mamíferos estamos desprovistos de la capacidad regeneradora de extremidades y partes del cuerpo como algunos animales. Sin embargo, un nuevo estudio demuestra que somos capaces de restablecer los cartílagos, según ha publicado la revista Science Advances.

Estudios previos comprueban que la capacidad regeneradora de extremidades y tejidos es única en especies como las salamandras, los peces cebras y algunos anfibios, capaces de desarrollar estrategias únicas, que les permiten regenerar una y otra vez los tejidos perdidos, incluso en edad adulta.

Ahora, el estudio de los científicos de la Universidad de Duke expone que los seres humanos tenemos la capacidad de restituir los cartílagos de nuestro cuerpo, un hallazgo, a juicio de los autores, que podría cambiar para siempre el tratamiento de lesiones en las articulaciones o, incluso, tratar enfermedades como la artritis.

El cartílago de las articulaciones humanas puede repararse a sí mismo mediante un proceso similar al utilizado por criaturas como las salamandras. El mecanismo ‘reparador’, parece ser más robusto en las articulaciones del tobillo y más débil en las caderas.

“La comprensión de esta capacidad regenerativa ‘tipo salamandra’ en seres humanos podría proporcionar la base para nuevos enfoques para reparar tejidos articulares y extremidades humanas completas”, destacó Virginia Byers Kraus, autora principal.

Hasta la actualidad la comunidad científica pensaba que los cartílagos tenían capacidad de autoreparación muy limitada, pero la nueva investigación ha demostrado que, en realidad, los humanos disponemos de un “interruptor oculto” capaz de activar el crecimiento de ese tejido esquelético.

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores analizaron el cartílago de las caderas, rodillas y tobillos de 18 personas diferentes, todos ellos sometidos a una cirugía articular por sufrir osteoartritis o traumas severos.

Más tarde, clasificaron la edad biológica de los diferentes cartílagos utilizando un “reloj molecular” capaz de medir los cambios en dos proteínas, la asparagina y la glutamina.

Gracias a la espectometría de masas, los investigadores determinaron qué cartílagos disponían de una mayor cantidad de proteínas y, por lo tanto, se estaban regenerando más rápidamente. Esas muestras se clasificaron como “más jóvenes”.

De este modo, el reloj molecular mostró que el cartílago del tobillo era notablemente más joven que el de la rodilla, que a su vez era más joven que el que recubre la cadera.

Explican los autores que ese gradiente de edad tiene una curiosa semejanza con la mayor capacidad de algunas especies, como las salamandras, de hacer crecer más y mejor las zonas periféricas de sus cuerpos, como las extremidades.

Washington, 14 de octubre 2019

Crónica Digital / Prensa Latina.

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