Por Miguel Alvarado Natali: “69 POEMICIDIOS Y UN TE ALMO” DE FELIPE DE LA PARRA

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Como expresión de un alma al borde del enamoramiento y la locura, Felipe De la Parra Vial emerge con “69 poemicidios y un te almo” su primer libro de poemas para un periodista de la vieja escuela y director de la revista Occidente, perteneciente a la Gran Logia Masónica de Chile y quien se hizo notar el año pasado cuando el Mercurio le publicó una carta al director donde proponía que La Moneda, Los Tribunales, los Ministerios y el Senado se detengan todos los miércoles al medio día, para leer un poema.

Su poesía está cruzada de emociones y de recuerdos de amores o tal vez de uno atemporal, que al autor se le aparecen como una constante del placer que puede dar la persecución  y búsqueda del verdadero amor.

Hay un erotismo sutil, leve y de gran virtud en la sinceridad de algunos versos: “Me entusiasma perder los estribos y montarte y montarte y atraparte al fondo de las sábanas, donde me pierdo, donde desaparezco…me encanta morir de ti esta noche, morir de deseos de amarte de culo y bocas”

De pronto el autor cae en recursos poco frecuentes de un verso o una estrofa poética, que están de más y que no necesariamente es la mala conjugación de verbos, sino la ausencia de estos: “Yo te flor en tus ojos, yo te libro con ideas nuevas, yo te sol en las mañanas. Siempre te estoy encontrando con tanto sentido para que tenga vida. Yo te crepúsculo en la cordillera, yo te piano emocionado, yo te pan camino a casa…yo te amo”

Pero también hay provocación y sorpresa dentro de estos 70 poemas como es en “Para vivir”, donde De la Parra hace un verdadero relato de una experiencia traumática y desgarradora sin perder el norte de llegar a ese amor incondicional. “Yo no sé quién soy desde que morí el otro día,

                                        si sabía       que había muerto antes tantas otras veces, pensé que ya no iba a morir de nuevo.

                                       Morí como si fuera mi destino seguir muriendo

                                         hasta que volví a morir contigo injustamente en un calabozo, indefenso por manos alteras puños cobardes, morí en el hospital urgente lejos de todos impotente.

                                       Pero morí a medias como todas esas muertes anticipadas, con el alma en pena caí hasta que quedé  sin manos para escribir las cartas que te escribía a diario.

                                      Morí para vivir a medias de aquí para adelante como si estuviera vivo para que te llegara la vida, todos los días, para que te contara  lo que había pasado en el norte. Morí para que otros vivieran para que volvieras a vivir aunque tú me dijeras que estaba muerto.

                                    Por eso no llegué de vuelta y mi muerte fue más muerte aquel día.

                                  Te lo juro que quería morir puesto en una calle sin salida, quedé ciego otra vez, quedé ciego otra vez.

                                Pero no estoy dispuesto a seguir muerto y volver a irme.

                                He venido a buscarte para completarme  en ti, para que reconozcas el abrazo, para dejar de morir, para quedarme contigo en esta vida.

 

Felipe De la Parra Vial nos aclara que su poesía es antojadiza –“Siempre he escrito, desde niño cuando gané un concurso literario y 69 poemicidios y un te almo, es la historia de una conquista a lo largo de la vida”- y por qué poemicidio, le consulte: “Porque las personas o algunas mujeres no tienen la capacidad de aceptar un poema, les da miedo esa presencia escrita”.

Entonces, tenemos a un periodista con poemas fáciles de digerir, recomendables pero con un gusto como apresuramiento en la recopilación, ya que hay algunos que debieran haberse excluido, por no estar a la atura de por ejemplo “Estratagema”

 

 Todos los días te preparo una trampa

Le cambio el número a las casas, inauguro araucarias en cada camino

Cierro las calles que tengan lluvias, traigo el océano  a la próxima esquina

Boto las murallas por prados, declaro en huelga a los maleantes

Hago que los chinchineros dirijan en tránsito

Y autorizo las marchas por la Alameda…

 

Cabe señalar que la portada  del libro es un grabado de Alejandro “Mono” González y en su interior dos notables fotografías de mujeres con  pechos descubiertos de Enzo Bazzo. Editado por Entrama-Cultural  (2017) con 142 páginas.

Por Miguel Alvarado Natali

Crónica Digital, 21 de Septiembre 2017

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