COP25 o los tres jinetes del Neo-Apocalipsis

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(Bomba Atómica, Desastre Climático y Tecnologías Disruptivas).

El Colapso Climático está en la tierra, no en el cielo…

En este lugar del espacio-tiempo, donde coinciden la letra y el universo, cuando los transcursos lineales asumen el modo exponencial de las dinámicas disipativas, dónde anunciamos, desde comienzo de año, como única posibilidad de supervivencia del planeta transformaciones cualitativas en todo orden de relaciones, no es nuevo que mencionemos esta tipología de la Sociedad de Científicos Atómicos, con la cual abrimos nuestra reflexión colectiva, el primero de enero, anunciando (antes que ningún medio privado o nacional), la celebración de la Convención Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas, la COP25  en Chile, a fines de este año.

Recordemos qué sin tener el relato, ninguna otra pretensión que hacer evidente la urgencia de la situación y la necesidad de tomar medidas colectivas, profundas e inmediatas hacia la sustentabilidad, la Sociedad de Científicos Atómicos ha construido la noción de un reloj del día final (Doomsday Clock), que indicaría la duración de la vida del planeta y que se actualiza cada enero desde 1947. En las 12 horas que indicarían la armonía y la paz completas sobre la tierra, analizando distintas variables significativas de las tres dimensiones señaladas, por dos años consecutivos creando lo que llaman “el nuevo anormal”, han llegado a estimar que sólo nos faltan 2 minutos para el final. Industria atómica, desastre climático, tecnologías disruptivas. 2 min.

Como en cualquier intento epistemológico de clasificar la diversidad, según categorías más inclusivas, tanto en física y biología, como en antropología, sociología o historia, es decir, en cualquiera de las disciplinas científicas, cómo cuando tratamos de aplicar una óptica racional a los fenómenos del espíritu (inconsciente, mente, alma), tenemos que entender que las cosas que nombramos, en realidad no están limitadas al campo que hemos definido al separarlas, sino que establecen entre ellas, relaciones de interrelación y dependencia. A su vez cada una de estas categorías está formada por subcategorías menores que se interrelacionan en sus escalas en forma de redes, generando comportamientos interdependientes y complejos donde la modificación de uno de ellos afecta el funcionamiento del conjunto. Es por ello que aun considerando necesaria la fragmentación que esta tipología presenta, no se debe perder de vista, la noción de sistema, que permea todo su funcionamiento.

Así, si consideramos -con Lévi-Strauss-, que la sociedad humana puede ser concebida como un sistema de comunicación y de intercambio de mensajes, en los tres campos de parentesco, producción y lenguaje (Antropología Estructurale Deux, p.84) dejamos también establecido de manera explícita, que ninguno de ellos es autónomo, ya que la interpenetración entre sí es consustancial a su propia existencia, pese a su importancia relativa y diferencial, en distintas épocas y culturas, a lo largo de nuestra historia.

Cuando pensamos en cuerpo orgánico, pensamiento consciente y psiquis inconsciente, aunque estemos definiendo la unidad de la persona humana, ocurre lo mismo, una dimensión incide y depende de las otras, es la base del pensamiento sistémico: no puede haber distintos componentes, si no están todos y la modificación de uno de los componentes, modifica el funcionamiento del otro.

Lo mismo tenemos que constatar, cuándo nos preocupamos como es el caso, del Desastre Climático: lo estamos considerando a través de la utilización de dispositivos tecnológicos, que han sido utilizados tanto para comprobar las hipótesis de los efectos del recalentamiento de la tierra, o a nivel del instrumental con qué hacemos las mediciones, los satélites con los cuales verificamos sus tendencias, cómo con los dispositivos que usamos para comunicarnos. Tecnologías Disruptivas.

Luego nos damos cuenta, que el poder político que permite el funcionamiento del sistema, independientemente de sus efectos y del conocimiento que de él se tenga, depende de la industria militar y tecnocientífica, con la cual está indisolublemente vinculado y de la cual la industria del nuclear, es un ejemplo paradigmático. Bomba Atómica.

De esta manera, cuándo consideramos uno de los elementos, en que dividimos el problema, nos damos cuenta que de diferentes maneras, todos están vinculados. Esto, por paradojal que resulte, define al mismo tiempo la complejidad y la simplicidad de la tarea: complejidad en entender los elementos que conforman sus dinámicas y de llevarla a una práctica social coherente. Simplicidad en las conclusiones que permiten enfrentarla.

Ahora bien, no debiéramos confundir los dos aspectos: la solución teórica de la complejidad es muy simple y si su reificación en la práctica es difícil, en verdad sería imposible, si no tuviéramos claridad en su concepción. Dicho de otra manera, la complejidad de la realidad en que estamos, no debe impedir formular la simplicidad de la solución. Así cuándo señalamos que, en el centro de toda la cuestión, hay un problema ético fundamental, qué debe decidir cada persona y no la institución, estamos dando un paso cualitativo: no importa en qué macetero está la planta, es necesario florecer. Y eso es la conciencia.

Mientras más aprendemos de la realidad que nos compete, más cerca de creer que ninguna solución es posible estamos, sin embargo, esto es una racionalización que no es otra, que la que el sistema de dominación ha generado en nosotros, para impedir cualquier movimiento en su contra. Por el contrario, sentimos la necesidad de encontrar soluciones, de entender y actuar correctamente, para poder habitar en paz entre todos, finalmente.

Si eso fuera un criterio de fe, no menos cierto sería qué el sentimiento, no se apoya en la razón, mucho menos ahora, que la razón pragmática se ha agotado, porque logró el triunfo total en sus impactos de alienación sobre el medio, los seres humanos y nuestra psiquis. También porque sus propios resultados, se niegan conscientemente, en las políticas que lo objetivan.

Siempre en la humanidad -se podría corregir desde el estudio de las religiones comparadas, ha habido la noción del Apocalipsis, o de la revelación, cómo un hecho vivido individualmente, como una visión profética, que se transmitió a la cultura y (si no tenemos una noción teísta), ello ha dado cuenta de una visión articulada sobre la psicología y originada sobre el sentimiento inherente, de la muerte inevitable que cada uno de nosotros debe afrontar como individuo. Siendo el fin del mundo una cuestión real, en términos individuales y como decimos, tradicionalmente vehiculada por las religiones.

Sin embargo, esta forma actual qué hemos llamado el Neo Apocalipsis, que utilizamos, tiene la particularidad histórica de provenir del criterio científico, y es indiscutible desde el punto de vista de nuestra tecnociencia contemporánea, desde el cual, por otra parte, aunque con dificultades, ha sido establecido.

La cada vez más indiscutible certeza científica de las causas “antropogénicas” (eufemismo para referir a este modo de producción capitalista, como si el capitalismo hubiera sido la única forma concebible que la humanidad se ha dado y debiera darse)  del cambio climático, qué junto al informe del IPCC SR 1,5 de la CMNUCC de octubre del año pasado, advirtió el dramatismo de una situación global continua de aumento de la temperatura y desastres climáticos asociados, que en términos políticos fue recogida por el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, diciendo que a la humanidad le quedaban 12 años para revertir un proceso, de otra manera irreversible, que haría imposible la vida sobre el planeta, llevándonos a condiciones próximas al exterminio.

En el mismo sentido, el informe del IPBES de la convención de la Biodiversidad, este año que nos alertaba sobre la extinción de un millón de especies, y digámoslo, el informe el de pérdida de tierras e impactos sobre la alimentación, programado para esta mes y el que se espera en el mes de septiembre, sobre acidificación de los océanos, pérdida de glaciares en todo el mundo y masa de hielo de las calotas polares, han generado este año una indudable atención de las personas y los pueblos, que se ha expresado en masivas e insistentes movilizaciones de gente, espontáneamente organizada, que no responde necesariamente a las directivas de las instituciones y organizaciones en que tradicionalmente las personas se han agrupado, para hacer política, con discursos que han acentuado la urgencia y el compromiso y se han instalado con un indudable nuevo sello en la cultura de las sociedades y de las comunicaciones.

Así el concepto de Emergencia Climática, nacida en Inglaterra, a partir del grupo Extinction Rebellion, reconocida en el parlamento del UK, y en otros países como Bélgica, Alemania, Holanda, Suecia, Francia… hasta en Estados Unidos de Norteamérica, donde es rescatada por el Green New Deal, ya ha llegado hasta nosotros, dónde el concepto de Emergencia Climática empieza a suplantar entre la gente, a aquel ya habitual, conocido, institucional y carente de significación profunda, de “Cambio Climático”, generando,  una toma de conciencia qué en el mejor de los casos pudiera transformarse en pasos a una solución colectiva qué es al cabo, nuestro hálito de esperanza en el futuro.

Desde luego, nuestro país que históricamente instaló con el golpe de Estado la dictadura y el neoliberalismo salvaje, desde entonces regado por todo el globo, es poseedor de una institucionalidad que aún se rige por el mandato superior de la constitución hecha entonces, por encima de toda participación ciudadana, y para favorecer a los que tienen, en desmedro de los que no y de la naturaleza en que vivimos, se esmera por convencernos de las ventajas económicas de una transición hacia energías renovables, con el apoyo de la empresa y la pasividad intelectual de los partidos tradicionales, que siguen desconociendo lo dramático de la situación que nos describe la ciencia y que de distintas maneras vivimos todos, pese a que vaya en aumento.

Si no bienvenidos, aquí vienen, ya están ente nosotros, aunque sólo a veces se vean bien, los tres jinetes del Neo-Apocalipsis. Cuando ya no es la fe, sino la ciencia, la que nos dice que ya no queda planeta para seguir habitando. A los humanos los fuimos exterminando de a poco, mental y espiritualmente, con la explotación cotidiana, la falta de educación pública y las carencias en salud o con golpes de fuerza, a través de las guerras y la militarización. Al resto del planeta, lo aniquilamos todos con un sistema de alienación y pérdida, que nos alejó de nosotros mismos, del resto de los humanos y de la naturaleza.

Emergencia Climática. Emergencia Social.

Por Rainer María Hauser Molina. El autor es Sociólogo de la Universidad de Chile. Fue parte de la delegación chilena a las Cumbres de Cambio Climático de las Naciones Unidas: COP15, Copenhague y COP16, Cancún.

Santiago, 22 de noviembre 2019.

Crónica Digital.

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