El aseo de la estatua y 12 tesis sobre la educación en el neuroliberalismo (Jeffrey di Leo, 2014)

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Aquí se Corona la COP25 (Limpiaron la estatua)

Las distintas reacciones a la sucesión de medidas políticas, que es en realidad un golpe de estado encubierto bajo una emergencia sanitaria y desde luego tiene la propiedad de hacerlo incólume a cualquier crítica política, nos han hecho escribir unas líneas, ya intrascendentes, como cualquier vida, para llamar la atención, acerca de la sincronía entre lo más grande y lo más pequeño, el caos climático y un virus, que tal vez , pudiera ayudarnos a pensar más allá de la contingencia, en la cual se solaza el poder.

En efecto, no hemos hecho antes la constatación que el surgimiento del virus en China, coincidió con el sonado fracaso de la COP25, que no alcanzó acuerdo sobre derechos humanos, ni a ponerse de acuerdo sobre las formas de regular el mercado de carbono, entre otras materias. No dejan pues de ser sorprendentes lo rápidas, efectivas y concertadas que han sido las medidas de gobierno y el tácito y obediente apoyo de la ciudadanía, frente a una pandemia sobre la que hay tan poca evidencia científica, como no sean las estadísticas de su progresión, de la cual se especula sobre su origen y que, no teniendo vacuna para su cura, es hasta ahora de fin incierto.

No podemos menos que señalar la paradoja. Ello está a las antípodas del tratamiento político que se le ha dado al desastre climático, donde la evidencia científica es apabullante hace 25 años, donde sus efectos devastadores enormes y cada día mayores, y donde en estricto rigor los gobiernos no han hecho nada, que sobrepase los discursos declarativos llenos de buenas intenciones –y algunos negocios–, que como en el caso de los médicos y farmacéuticos, de mercado, no irán tampoco en ayuda de quienes claman por una salud del Estado. Como decía un meme que recibí, no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas.

Nos parece, como lo hemos escrito, que la educación está en el ojo del huracán y que el modelo educativo que ha implementado este neoliberalismo, que frente a la carencia de contenidos culturales y a través del fetichismo masivo que generan las tecnologías, se ha transformado en corto tiempo en un “neuroliberalismo”, donde se ejerce el control de las mentes y las decisiones políticas a través de dispositivos electrónicos. De allí que propongamos estas variaciones sobre las 12 tesis de Jeffrey di Leo, “La educación en la era del terror” (2014), sustituyendo algunas ideas en el original acerca de los USA y manteniendo el principio del profesor alemán Herbert Marcuse, según el cual el análisis de las instituciones del país hegemónico prefigura los avances que se darán en los menos desarrollados.

  1. El neoliberalismo es la mayor amenaza para el futuro de la educación del planeta.

El objetivo de las políticas de educación neoliberal no es mejorar la educación, sino aumentar las ganancias de las corporaciones privadas. Los modelos de educación basados en las ganancias, contrastan directamente con los objetivos de los educadores que busquen poner la cultura al alcance del pueblo. El objetivo de la educación progresiva, en efecto, es educar a los estudiantes para que sean participantes productivos en la cultura democrática y para participar activamente en la ciudadanía crítica. Dichos objetivos no están respaldados por los pilares de la política educativa neoliberal, como la enseñanza para el examen y los exámenes estandarizados.

Por otra parte, debido a que la política de educación neoliberal tiende a estar basada en datos, va en contra del desarrollo de la capacidad de un estudiante para pensar críticamente, lo que socava la cultura formativa y los valores necesarios para una sociedad democrática. Mientras continuemos viendo la política y la práctica educativas a través del lente de los valores basados en el mercado, no hay esperanzas de que la educación progresiva, con su objetivo de educar a los estudiantes para la ciudadanía crítica y la justicia social y económica, sobreviva.

  1. La guerra contra el terrorismo y el discurso sobre oficial sobre “la violencia”, han intensificado la militarización de la educación.

El complejo militar–industrial no debiera ser la fuerza impulsora de la educación en los Estados Unidos. Sin embargo, la reacción a los trágicos ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en una excusa más, para permitir que el complejo académico–militar impulse las políticas, prácticas y financiación educativas de los Estados Unidos. No solo se han desviado los fondos de la educación pública para apoyar la guerra contra el terrorismo, sino que también ha habido un impulso para comprender a Estados Unidos y al mundo de una manera que respalde las ambiciones imperiales estadounidenses.

La militarización de la educación fomenta la racionalización de la violencia sancionada por el Estado, como un valor social y político y apoya las prácticas educativas que validan esta violencia. La celebración de la guerra como un signo de poder y conocimiento por parte del complejo militar–industrial, borra los valores democráticos de igualdad, el debate público de los problemas políticos y el respeto por la diversidad. La sociedad militarizada evita las resoluciones políticas razonadas a los problemas públicos en favor de la erradicación del enemigo / otro, designado. Por lo tanto, la guerra contra el terror es una guerra contra la democracia, la diferencia y el pensamiento. La ciudadanía crítica y la cultura democrática como principales objetivos de la educación, no pueden sobrevivir en una cultura dominada por el miedo extremo y una guerra librada contra el terror.

  1. Las humanidades están en peligro por el auge de las políticas educativas neoliberales y el discurso sobre el terrorismo.

Desde el 11 de septiembre, las humanidades han sufrido una merma importante de financiamiento, en todas las instituciones de educación superior. Estos recortes han sido justificados por argumentos que afirman la naturaleza polémica y subjetiva de la educación en humanidades, para cuestionar el “valor” de la educación en humanidades. En consecuencia, las ciencias humanas han sido las más afectadas entre las disciplinas en el financiamiento de la educación superior. A pesar de que la percepción del valor de las humanidades está sesgada políticamente, y que tanto el argumento de la no–utilidad de las humanidades, como el hecho de que no ofrece ningún valor en la formación de los estudiantes han sido contrarrestados repetidamente por profesores y administradores, así como por la sociedad en general.

El impacto de estos recortes tiene graves consecuencias para el desarrollo de una cultura democrática sustentable, porque la educación en ciencias humanas enseña a los estudiantes la compleja historia de la interacción humana, el conflicto y la creatividad, al tiempo que los alienta a desarrollar su capacidad para analizar críticamente estos desarrollos. En resumen, las humanidades les enseñan a los estudiantes a pensar, reflexionar, leer y escribir sobre el mundo, una habilidad que es cada vez más necesaria en un momento de crisis mundial, donde los principios individualistas que han cimentado la lógica neoliberal, se derrumban frente a la emergencia de un colectivo, que pasa a ser el actor central de una era de solidaridad y generosidad. No es sorprendente, entonces, que las humanidades hayan sufrido desde el 11 de septiembre y que haya habido un giro neoliberal en la educación superior, porque las humanidades son el único lugar en la educación superior que puede enseñar a los estudiantes a cuestionar el culto del individuo, del mercado y del militar.

  1. Consecuentemente, los estudios culturales han sido un objetivo importante de los ataques a la educación superior.

Uno de los principales logros disciplinarios de los últimos años ha sido la institucionalización de los estudios culturales en la academia. Las áreas de investigación crítica, como los estudios de género, los estudios de raza, los estudios de sexualidad, los estudios de discapacidad y muchos otros, no serían posibles si no fuera por el surgimiento en la década de 1990 de los estudios culturales, como pilar disciplinario en la academia. Los estudios de área, permiten una investigación interdisciplinaria sobre la formación de una amplia variedad de aspectos de la cultura. Sin embargo, el imperialismo neoliberal ha creado barreras para los estudios culturales y de área, al alentar la defensa acrítica de los Estados Unidos como el centro global de todo lo que es bueno y supuestamente democrático. Como resultado, los estudios del área emergente, como los estudios del Medio Oriente, (USA) han sido apropiados por los complejos militares–industriales, como el Departamento de Seguridad Nacional, y los estudios de idiomas extranjeros, cuando reciben apoyos, es principalmente en función de su capacidad para proporcionar inteligencia a las agencias gubernamentales.

Al mismo tiempo, la aplicación de la lógica de mercado, a todos los aspectos y como primer elemento de la educación, de los colegios y universidades públicas, sin fines de lucro, ha resultado en la profesionalización de la educación superior, la participación directa de las corporaciones en el diseño de programas y la erradicación de programas que no se consideran contribuyendo directamente a ganancias corporativas y trabajos corporativos.

  1. La innovación educativa no está respaldada por los enfoques neoliberales de la educación.

La experimentación en el aula, se basa en una pedagogía crítica que valora un enfoque abierto, dialógico y educativo. El aula en esta visión de la praxis educativa, se ve como un espacio potencialmente transgresor, en el que los estudiantes y el maestro exploran mutuamente las formaciones de conocimiento de una manera lúdica, aunque de manera crítica. Los enfoques neoliberales de la práctica educativa, evitan la innovación porque estas prácticas de enseñanza intentan fomentar ciudadanos autónomos, comprometidos críticamente, en lugar de sujetos estatales no autónomos, fundamentalmente estructurados. Las pruebas estandarizadas, la pieza central de la práctica educativa neoliberal, son el enemigo de la innovación educativa, al igual que los valores neoliberales del aislacionismo cultural y el excepcionalismo nacionalista.

Si el futuro de la educación implica la creencia y el apoyo a la cultura democrática, entonces las políticas educativas neoliberales, que se dirigen contra la innovación educativa deben ser rechazadas. La tecnología por sí sola no puede entenderse como una innovación social y educativa. A medida que las tecnologías de aprendizaje en línea y las plataformas de redes sociales educativas se expanden rápidamente, tanto en la sociedad, como en las escuelas y la educación superior, mayormente deben usarse para expandir los valores y las relaciones sociales dialógicas, pedagógicas críticas y democráticas. Los enfoques neoliberales de la educación, ven estas tecnologías principalmente como fuentes de valor, por cuanto reducen los costos laborales de los docentes y amplían los ingresos de las unidades docentes, independientemente de los efectos sociales, intelectuales y pedagógicos, que está teniendo la imprudente expansión tecnológica.

  1. El sistema de educación pública será completamente privatizado si continúa operando únicamente a través de valores basados en el mercado.

La privatización de la educación pública significa más pruebas y menos aprendizaje, un pensamiento más fundamentalista y una investigación menos crítica, más unidades de valor y menos comprensión del valor de la educación como un bien público y, en última instancia, menos inversión en ciudadanía crítica. Si el impulso a la privatización se basara en evidencia de que promueve un mayor sentido de compromiso cívico en los estudiantes y apoya la investigación crítica, entonces el rechazo de la misma sería mucho más controvertido. Sin embargo, no se basa en evidencia sino en la necesidad de aumentar las ganancias y apoyar el mercado de la industria de apoyo educativo. Si la privatización del sistema de educación pública no se reduce, existe una posibilidad de que la ciudadanía crítica y el compromiso cívico, como valores clave del sistema de educación pública, desaparezcan por completo.

  1. La educación como un bien público que prepara a los ciudadanos para el autogobierno colectivo, se ve comprometida por las políticas educativas neoliberales y la guerra contra el terrorismo.

El neoliberalismo y su cultura formativa de crueldad y militarización de la vida cotidiana, los estudiantes y la facultad, preparan a los estudiantes para apoyar el complejo militar–industrial–académico. Esto va en contra de la noción de que la educación es un bien público, que prepara a los ciudadanos para participar en la toma de decisiones cívicas basadas en principios democráticos. La toma de decisiones basada en el mercado está menos interesada en los ciudadanos que se autogobiernan, y más interesados en los ciudadanos como consumidores gobernados por las corporaciones.

La guerra contra el terrorismo, a través de sus ataques a la libertad académica y las amenazas al pensamiento crítico, ha convertido a la academia en un sitio de investigación cerrada, cada vez más elitista, en lugar de abierta al conjunto de la sociedad. El resultado de las políticas educativas neoliberales y el discurso del terrorismo, es la pérdida de la universidad como una esfera pública democrática, en la que intelectuales, educadores, estudiantes, artistas, sindicatos y otros actores y movimientos sociales, pueden formar alianzas transnacionales, al mismo tiempo que significa la pérdida. de la educación como bien público.

  1. El neoliberalismo y el militarismo provocan una negación de la política.

Como la educación superior es de vital importancia para cualquier noción de política, la regulación y el control de la educación superior por parte del complejo militar–industrial, provoca la erosión de la actividad política, el activismo y la diferencia. El surgimiento del neoliberalismo y el discurso sobre el terrorismo, se han apropiado tanto de la izquierda política como de la derecha. Esta “negación de la política” y la diferencia política, allana el camino para el surgimiento del autoritarismo y la desaparición del disenso. Reduce a los ciudadanos a las fuerzas del mercado predecibles y facilita monstruosas subjetividades políticas. En resumen, la negación de la política en el surgimiento del neoliberalismo y el discurso sobre la historia militar y el terrorismo, es también la negación de la educación superior como una fuerza política progresista.

  1. Las políticas educativas neoliberales, junto al discurso militarista, promueven un miedo extremo entre los estudiantes y la facultad con respecto al futuro de la educación.

La unión del neoliberalismo con los discursos del terrorismo, es particularmente peligrosa para la educación porque pone en primer plano la emoción del miedo en el entorno educativo: miedo a no aprobar el examen, miedo a perder fondos, miedo a enseñar el tema “equivocado”, miedo a decir lo “equivocado”, es el temor de que el futuro de la educación esté en peligro. No es posible buscar libre y críticamente el conocimiento, en un entorno permeado por el miedo. El aprendizaje y la educación deben ser actividades alegres que provoquen emociones positivas. Cuando el ambiente emocional de la educación pone en primer plano las emociones negativas como el miedo y el terror, entonces no es posible que florezca la educación progresiva. Si el ambiente emocional negativo establecido por el neoliberalismo y el discurso sobre el terrorismo no se invierte, será cada vez más difícil convencer a los estudiantes y al profesorado, que la educación es un esfuerzo colectivo, emocionalmente satisfactorio.

  1. La educación superior y pública es un bien público y no simplemente un derecho privado.

Como parte de una dimensión constitucional, la educación debe ser financiada para promover programas y políticas que contribuyan y expandan el bien común y el contrato social. El neoliberalismo promueve la educación como un modo de capacitación y se enfoca en la capacitación técnica, al tiempo que socava el pensamiento crítico y cualquier vestigio de conocimiento que no puede ser mercantilizado, comercializado y utilizado para producir ganancias.

El neoliberalismo crea una cultura basada en valores que consagran la privatización, la mercantilización, la individualización de la responsabilidad y la supervivencia del principio más adecuado. Por el contrario, la educación superior es una esfera pública democrática fundamental, que proporciona la cultura formativa necesaria, para producir alfabetización cívica y ciudadanos comprometidos con el otro, de manera crítica.

  1. Las estructuras de gobernanza en la educación superior y pública, no deben imitar modelos gerenciales de corporaciones y organizaciones orientadas al mercado.

Las estructuras de gobierno deben democratizarse y organizarse, de manera que sirvan a las circunscripciones territoriales que representan, incluidos estudiantes, profesores, gerentes, administradores y personal de apoyo, de manera que puedan contribuir a lo que es distintivo de su compromiso institucional con los valores democráticos, los ideales y las relaciones sociales. Esto sugeriría, no solo dar más poder a los docentes, estudiantes y personal, sino también eliminar la informalidad del trabajo académico.

  1. La educación requiere inversión pública.

La educación superior y pública debe ser financiada para reflejar tanto el compromiso de la sociedad con la igualdad de oportunidades educativas, como su compromiso con la profundización y generalización de una cultura educativa formativa, para crear los agentes críticos, individuales y sociales, capaces de gobernar una sociedad democrática. Esto significa invertir menos en la guerra y más en educación (o como mejor diríamos nosotros: no invertir más en militares, sino en educación). Significa hacer que la educación sea gratuita para todos, especialmente para aquellos que están marginados por la pobreza. Significa implementar leyes y políticas que aborden la desigualdad para liberar a la sociedad estadounidense del capitalismo de casino, que ahora corrompe la política y privilegia a un pequeño porcentaje de la población.

Por Gao Mo Neng.

Santiago, 29 de marzo 2020.

Crónica Digital.

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