Por Marcel Garcés Muñoz: PIÑERA: NI FELIZ NAVIDAD 2018 NI PRÓSPERO AÑO NUEVO 2019

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Las celebraciones de Feliz Navidad 2018 y Próspero Año Nuevo 2019 en La Moneda y una cierta retórica triunfalista de los “éxitos” del presidente Sebastián Piñera en su versión 2018 se vieron frustrados por el esquivo rostro de los fracasos políticos del gobierno en temas fundamentales de su agenda y de la incapacidad de Las Moneda en enfrentar los desafíos del Chile real.

El escenario de la corrupción, crisis moral e institucional   en Carabineros, con el descabezamiento de su Alto Mando institucional, pero sobre todo del reconocimiento objetivo de la incapacidad del gobierno  de manejar  el desastre, de la crisis de confianza ciudadana, y el descontrol del Ejecutivo en la gestión disciplinaria y de subordinación  de la policía uniformada culmina con un especie de paso de  sainete barato, en que el Gobierno se ve forzado a destituir por medio de una triquiñuela  al Director General de Carabineros, quién a su vez se niega a renunciar. Y obliga al gobierno a forzarlo a una destitución- y junto con el a su círculo cercano de generales, y explicitar sus razones ante el Legislativo.

Este gesto  del hoy general en retiro Hermes Soto es una notificación al poder civil, que se resiste a la lógica democrática de la subordinación al poder político civil, y obliga a La Moneda a “explicar” su medida, ante un Legislativo, mayoritariamente confrontacional.

En cualquier manual de ciencia política  esto se llama insubordinación, o por lo menos irrespeto al Primer Mandatario y la institucionalidad política vigente y el desarrollo de la historia próxima de Chile, dirá cuales serán las consecuencias de este episodio.

Pero, además, el mecanismo de hacer recaer las culpas del episodio de la “guerra interna” contra el pueblo mapuche que culmina con el asesinato de Camilo Catrillanca por parte de un destacamento policial del Comando Jungla, y de las responsabilidades institucionales, en un grupo de efectivos y  Altos Mandos, constata  que el Ejecutivo no cuenta ni con los conocimientos, autoridad y mando efectivo en la institución policial (quizás tampoco en el conjunto de las Fuerzas Armadas).

Y que su parodia de aparentar autoridad y fuerza mediante un discurso más farsesco que efectivo, no hace más que reforzar la sensación de arbitrariedad y carencia de autoridad.

También es necesario reconocer que no aumentará las simpatías del Gobierno y del Presidente Sebastián Piñera en los 60 mil efectivos en servicio, que junto con el componente “pasivo” de la “familia policial”, sobrepasarían las 300 mil personas.

Pero además abre grietas en las fuerzas políticas que sostienen al actual gobierno, alimentan las críticas internas y debilitan su cohesión interna.

No resulta extraño que el que fuera aliado de Piñera en la segunda vuelta electoral presidencial, José Antonio Kast,  buscando en erigirse en la contraposición  del liderazgo de Piñera, en calidad de  portavoz de la ultraderecha y del pinochetismo latente en el sector dirigente y parlamentario de la Alianza por Chile, exige la renuncia del ministro del Interior, Andrés Chadwick, por ser responsable político del desastre.

En este escenario, pedir a los actores políticos del país, y particularmente a la oposición que ha sido ninguneada, calificada de “antipatriotas” y hasta de terroristas, gestos de “unidad nacional” no puede ser otra cosas que un recurso demagógico, cuya intención dada la experiencia práctica del periodo de gobierno transcurrido, resulta por lo menos poco creíble y de un oportunismo rayano en el cinismo.

El presidente Piñera señaló, en un patético acto junto a la escalera que baja de sus dependencias al Patio de Los Naranjos de La Moneda, que “un grupo pequeño ha provocado una profunda crisis de credibilidad, probidad y eficacia  en la labor que desarrolla Carabineros. Esta crisis se arrastra hace ya demasiado tiempo”.

Surgen preguntas obvias: ¿ Quiénes?. Hermes Soto y los 10 generales del Alto Mando que salieron con el, los de la Operación Huracán y los hechores del mayor desfalco conocido en la historia del país, el de Carabineros, con el robo de 28 mil millones de pesos de los chilenos. O el “¿cómo? las autoridades supremas del país, el Gobierno, La Moneda, la coalición gobernante, el Segundo Piso, Andrés Chadwick, Rodrigo  Ubilla, los asesores en la sombra, especialistas en Inteligencia, guerra sicológica, manipulaciones varias, no fueron capaces de detectar semejante “conspiración”, o desidia funcionaria.

Entonces, no se trata de la mentada obstrucción a la Justicia  de los “gatillo fácil”, entrenados y adoctrinados en Colombia y Estados Unidos,  que obedecieron a las orientaciones antiterroristas de Chadwick o de  Ubilla, entusiastas del Comando Jungla, al que presentaron en terreno como la “solución final”. (Tanto que les gusta en privado esta fracesita hitleriana, a estos señores).

Lo cierto es que hace apenas unos meses, exactamente el 29 de marzo, en el acto de toma del mando de Hermes Soto, como General Director de carabineros,  el presidente Piñera  en su vibrante alocución resaltó, con una retórica relamida, lo que pensaba de él, de sus valores de mando y calidad profesional, y de la institución, resaltando demagógicamente su origen social: ser hijo de un suboficial.

Dijo el presidente:“como dijo nuestro Premio Nacional de Literatura, Benjamín Subercaseaux, nuestros carabineros son mucho más que funcionarios públicos: son el Estado mismo, porque en ellos reposa la soberanía, el patriotismo y la nacionalidad”.

Agregando en un párrafo que quiso ser lírico, aunque de dudosa lógica discursiva: “Y para terminar, quisiera cerrar estas palabras, citando una frase que escuche de niño  y que la escribió nuestra Premio Nobel, Gabriela Mistral en una hoja de un patrulla de carabineros y escribió así “gracias a los que velan desvelándose. Ustedes son, sin saberlo, los guardadores de nuestros sueños y conciencia de la ciudad”.

Pero el presidente, en la misma oportunidad, develo el real contenido o misión que otorgaba a Carabineros , al señalar al “terrorismo”, junto a la delincuencia y narcotráfico como “enemigos poderosos, implacables, crueles y despiadados que no respetan a nada ni a nadie, para cumplir sus perversos propósitos. Y por lo tanto toda sociedad democrática como la nuestra tiene no solamente el derecho, tiene la obligación de combatir estos flagelos con toda la fuerza de la voluntad y con todo el rigor de la Ley”.

Eso lo deben haber escuchado y asumido como “su misión”, como una orden presidencial, a una autorización al “gatillo fácil” los integrantes de la patrulla que no dudaron en asesinar a Camilo Catrillanca, en Temucuicui. Actuaron conforme a ese adoctrinamiento, proveniente de la máxima autoridad politica del país, como de su ministro del Interior, Andrés Chadwick, y de su Subsecretario del Interior, a cargo de Carabineros, Rodrigo Ubilla. Los carabineros del Gope y del Comando Jungla, creyeron actuar, con diligencia y sin escrúpulos, obedeciendo “órdenes superiores” de quienes aun no asumen su responsabilidad política y personal, en su lucha contra los “terroristas”.

Les prometieron la gloria y el reconocimiento de la Patria, pero ahora los dejan solos, de ser desechados, enfrentando la vergüenza de ser calificados de sujetos que han “traicionado su juramento”, y “mancillado su institución”.

Solo que ahora, La Moneda se lava las manos, y proclama ante el país, que esos supuestos guardianes de “la seguridad, de los sueños, la soberanía, el patriotismo y la nacionalidad“, no eran tales.

Si no fuera un discurso para justificar su incapacidad de gobierno y de autoridad, de rehuir en realidad su responsabilidad política y personal y endosarle a otros las culpas bajo el criterio del “fusible”, uno podría creer los argumentos con que a pocos meses de las alabanzas a Hermes Soto, el presidente Piñera “recula lo dicho” y le atribuye los males del infierno.

Dijo al presidente, rodeado de Chadwick y Ubilla, que prestaron sus rostros hieráticos de próceres enfurecidos, el 21 de diciembre: “Ese pequeño grupo de Carabineros ha traicionado su juramento, ha mancillado su institución y le ha provocado un grave daño a la sociedad”.

“Esta crisis (…) ha costado la vida de ciudadanos inocentes, y también los ocultamientos, falsedades y obstrucciones a la justicia””.

La Moneda vino a entender y asumir 37 días después del alevoso asesinato del comunero mapuche, Camilo Catrillanca, y la real magnitud del fracaso de su política antiterrorista contra la nación mapuche y contra los chilenos.

Pero siempre buscando eludir sus propias responsabilidades y el hecho de cómo en otras ocasiones aceptar las manipuladas, mentirosas y canallescas versiones tramadas por los servicios de inteligencia policial y la derecha política y empresarial de La Araucanía.

En resumen, el año 2018  termina con un signo de desconfianza no solo en Carabineros, sino en La Moneda, y las oligarquías políticas, y no hay ninguna razón, argumento o circunstancias que permitan tener esperanza o expectativas de que la situación mejore, y cabe esperar que en cambio se prolongue la incertidumbre a nivel general de la sociedad y de su  futuro.

Los partidos, las organizaciones sociales, los ciudadanos tienen mucho que hacer al respecto.

Por Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director de Crónica Digital

Santiago de Chile, 25 de diciembre 2018
Crónica Digital

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