Killer contra Killer

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Por Omar Cid*

“Revisó el revolver en la sobaquera…”, de este modo comienza Killer contra Killer el nuevo trabajo literario de Tomás J. Reyes. Ya el 2017 nos sorprendía con Sombras de Papel, publicada por la editorial española SELEER.

En 87 páginas, nos enteramos de las peripecias de Jenaro Zúñiga, un personaje que puede transformarse con el tiempo en un mito, donde la contradicción entre la comunidad y la soledad moderna manifiesta sus tensiones. La temática del relato llega en un momento preciso. Bajo el contexto de una sociedad que toma conciencia del abuso, al que ha sido sometida.

Escrita con una técnica delicada, bajo la vieja máxima de «menos es más», recurriendo a la polifonía de registros, tanto visual como discursiva, los flujos de conciencia, con pequeños destellos de lugares entrañables, el autor nos inserta en un mundo, en una historia.

Tiene el ritmo de una novela policial y la capacidad de atraer como un Western, en una versión mucho más elaborada. En su construcción se pueden percibir las huellas de Cormac McCarthy y su Trilogía de la frontera, Bolaño, Faulkner, para no recurrir dentro de otro registro a Primo Levi y su memorable Trilogía de Auschwitz y por si fuera poco: Sábato, Juan Rulfo.

Killer contra Killer, es una novela que puede ser leída bajo códigos distintos, porque Tomas J. Reyes, conecta de manera crítica sus lecturas y devela para sí mismo, la posibilidad de recoger historias y sabidurías negadas por el canon moderno y su colonialidad euro-centrada.   El asesinato de esas experiencias y sus discursos, son el inicio de la totalidad del individuo en la turbulencia de la ciudad.

El regreso a Domulgo es un acto de coraje. Es una invitación a las fuentes propias, a rebelarse contra el encubrimiento de otros modos de hablar, de relacionarse, de vivir.

*Escritor
Subdirector Crónica Digital

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