BALMES PARTIÓ SIEMPRE EN BUSCA DE SUS PROPIOS SENDEROS

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En el Cementerio Parroquial de El Totoral, en la costa central chilena, descansa desde este martes 30 de  agosto de 2016, José Balmes, pintor chileno, nacido en Montesquiu, Cataluña, España, al que se otorgó  la nacionalidad chilena en 1947, en agradecimiento al arte que entregó a Chile durante su fecunda vida.

Partió siempre en busca de sus “propios senderos”, como ac0nsejaba a sus discípulos.
Falleció este domingo 28 de  agosto, a los 89 años, tranquilo, según testimonió la familia, seguramente satisfecho del aporte hecho a la plástica nacional, de su obra señera,  que le valió al Premio Nacional de Arte en 1999.
Nunca dejó de soñar ni de luchar, ni de crear.
La presidenta de la República, Michelle Bachelet, testimonió el agradecimiento de su segunda patria, al decretar este martes 30 Día de Duelo Nacional, justo reconocimiento a quién no escatimó esfuerzo por honrarla.
Balmes, dijo la Mandataria, en el acto oficial de despedida de pintor, en el Palacio de Bellas Artes, ”se entregó con generosidad a esta tierra que lo recibió junto a un puñado de fugitivos como él (..) El permeó con su arte nuestra vida colectiva”, apuntando “¡Cuánto le debemos a este compatriota singular, lleno de energía, reflexivo, genial, generoso!”.
·Chile es hoy, de alguna manera, un país imaginado por él”, enfatizó la Presidenta.
Sentido y merecido gesto, a un creador que sentía con orgullo ser un “artista ciudadano”, confirmando su vocación de expresar en la plástica, los dolores de la guerra y la represión, de los crímenes de las dictaduras, del fascismo, la explotación, la miseria y la inequidad, la magnitud de la violación de las libertades, la justicia, los Derechos Humanos.
Fue un creador y un organizador y un gestor cultural de primera magnitud, al tiempo que era un ciudadano, un patriota inconmovible y un militante comunista.
Su hija, Concepción, subrayó: “mi padre fue parte de una generación que dio la pelea de incorporar lo político y social en sus obras, de ser artistas no solo encerrados en la torre de marfil, sino integrados en una sociedad. Un artista pensante además, participativo y ciudadano”.
Nacido el 20 de enero de 1927, eran un muchacho que se elevaba sobre los 12 años cuando parte al exilio, víctima del alzamiento fascista contra la República del general  Francisco Franco. Llega a Chile junto a otros dos mil compatriotas, en el mítico Winnipeg, la iniciativa solidaria del Premio Nobel 1971 chileno, Pablo Neruda.

En Chile Balmes entra de lleno en el mundo de la creación artística, y junto a su esposa, Gracia Barros, Enrique Martinez Bonatti y Alberto Pérez, crea en 1959, el Grupo Signo, que enfrentando las tradiciones figurativas, adoptan el informalismo, un lenguaje plástico rupturista surgido en la post guerra mundial en Francia,  que supera los dogmatismos y que abre la imaginación y creatividad de los artistas a nuevos conceptos y nuevas perspectivas en el arte. Gestor cultural innato propone en 1971 al presidente Salvador Allende el proyecto del Museo de la Solidaridad, al que respondieron creadores de todo el mundo, que solidarizaban con el proyecto del socialismo a la chilena, institución que luego dirigió, entre 2006 y 2010.

Un aspecto trascendente de su vida es la formación de generaciones de creadores en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, y en la Pontificia Universidad Católica de Chile, educando a sus discípulos en los principios que inspiraron su quehacer: “ para él lo más importante era el trabajo permanente, el cuestionamiento, la reflexión y la libertad. Decía que el arte y ser artista es no caminar por donde existen senderos, sino que hacer senderos propios”, recordó Concepción.
Abrir caminos, imaginar una Patria, libre, democrática, con justicia social y respeto a los Derechos Humanos, un compromiso militante con demandas y sueños, es lo que dejó como misión y como perspectiva, José Balmes, que ahora recibe la briza del mar, que lo trajo a Chile.

Quizás escuche los pasos de Neruda, que, recuerdan algunos, paseaba por el cementerio parroquial de El Totoral,  en busca del silencio y de sus versos.

Ambos, figuras señeras en sus oficios de crear belleza, y de marcar caminos para una nueva épica social, podrían hoy alzar las copas y hacer un brindis por la vida.

Por Marcel Garcès Muñoz
Director de Crònica Digital

Santiago de Chile, 31 de agosto 2016
Crònica Digital  

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