Por Pablo Monje- Reyes: Chile y la crisis institucional; ¿qué nos está pasando?

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Pablo Monje-Reyes

Lic. en Ciencias Políticas y Administrativas
Mg. en Gestión y Políticas Públicas

Han pasado 5 semanas, y todo sigue igual ante los ojos de quienes miran a Chile y ven como se estremece en un estallido social sin parangón por lo intenso y lo extenso.  Surge una pregunta; ¿qué nos está pasando? se pueden aventurar algunas respuestas dependiendo de qué actores participan y sobre quiénes posee una mirada crítica.

Miremos a la derecha y a su gobierno. Todos ellos absolutamente confundidos con un poder que se les diluye y se les escapa entre las manos. En caída libre en la percepción social de la ciudadanía. Han estado enfrascados en un duro debate entre personeros que quieren el acuerdo de paz con pacto social, y los otros, no pocos, que quieren responder a la usanza tradicional con el uso del rebenque y tirar de las riendas militares para pacificar las calles. El presidente -por su parte- no sabe qué hacer, un día está por una armónica paz social y otro día por una violenta represión a la usanza dictatorial. Pero claro, lo común en ellos es que no quieren dar respuesta a las demandas sociales. Sus propuestas, como siempre en una normalidad histórica e ideológica, para la derecha han sido con letra chica y pateando la pelota para adelante. Queda claro que la derecha chilena no sabe que está gobernando. Por su parte, la burguesía económica está expectante en sus sillones gerenciales, claramente preocupados por la inoperancia del gobierno para resolver el conflicto. Lo dicen entre pasillos y salones, la derecha no sabe lidiar con subordinados que por ahora siguen alzados y cada vez más insurrectos.

Miremos al parlamento. Aquí, el hemiciclo de la democracia está cada vez más enredado. Un grupo importante de parlamentarios de oposición junto al oficialismo apostaron al pacto por la paz y se proyectaron como los salvadores del momento. La ciudadanía simplemente no les creyó, y ¿por qué no les creyó?; la respuesta es simple, porque se han matriculado siempre con respuestas mediáticas, sin capacidad de generar credibilidad ni menos confianza ante el pueblo movilizado. No nos olvidemos que el parlamento tiene una aprobación promedio de 4,5 puntos. Y en estos días se han encontrado con un torbellino de proyectos de ley que, en vez de apuntar a una solución, al parecer y en la percepción de la ciudadanía, esas iniciativas legislativas van alejando y empeorando esas posibles soluciones. Solo podemos rescatar la acusación constitucional contra el Presidente de la República para que se haga responsable de las violaciones de DDHH, incluyendo muertes de manifestantes en las calles de nuestro país. Aunque se sabe que no llegará a buen puerto esta acusación porque nuevamente parlamentarios negacionistas del gobierno y algunos de oposición saldrán al ruedo para detenerla.

Miremos al pueblo movilizado. La Mesa de Unidad Social y todas las organizaciones que la integran llaman nuevamente a movilizarse con marchas y paros. Las personas han perdido el miedo y ahora se movilizan hasta en los malls del barrio alto, incluso en La Dehesa. Cada vez se escuchan más voces que es ahora o nunca, ‘es hoy cuando tenemos que ganar algo, y si no ganamos nada van ser otros 40 años más de abusos’. Hay claridad neta en las demandas políticas y sociales. Al parecer, en el movimiento social, pese a que es muy diverso y amplio, tienen más claridad que un puñado pequeño de la elite encapsulada en el gobierno y en el parlamento.

En síntesis, ya se advierte en la subjetividad del movimiento que está en las calles, una certeza que se comienza instalar, y que empieza a surgir desde las incapacidades e inoperancias del gobierno y del parlamento, y esa convicción es la necesidad de abrirse un camino institucional claro y preciso con un solo mandato; elecciones generales de presidente, parlamento y asamblea constituyente, esta última, con capacidad y atribución para definir soberanamente sus mecanismos, quórum, formas y plazos de funcionamiento, esto es, Asamblea Constituyente con potestades plenas. El resto, es música.

Santiago de Chile, 28 de noviembre 2019
Crónica Digital

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