Reflexiones para una salud mental humanista y progresista

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Vivimos momentos tumultuosos y complejos, en medio de circunstancias de crisis y múltiples sensaciones que limitan nuestro desenvolvimiento cotidiano. Dentro de esto, la vida que conocíamos, en la que los seres humanos nos vinculamos de yo–tu, saludarnos de la mano, con un abrazo o un beso, ha dado un giro y no sabemos por cuanto tiempo,

Es por medios tecnológicos que empezamos a relacionarnos y continuar comunicándonos, como las plataformas de videoconferencias. Mientras, silenciosamente nuestro Ser Interior, los cercanos, los afectos siguen presentes, buscando algún cause de expresión. ¿Qué significa esto? Que el vínculo entre los seres humanos, el vivir en comunidad tiene sentido en nuestra salud mental y persiste en nuestra humanidad.

El vínculo es establecer un tipo de relación con otros seres vivientes en términos generales y en particular con los seres humanos. Interactuando en forma corporal, afectiva, mental y espiritual. Además, en forma comunitaria. Desde ahí que contactarse con otros con los que me relaciono, me permite desarrollarme en pro de una meta en común, un proyecto, un anhelo.

En toda crisis está la amenaza y también la posibilidad de crecimiento. En Chile, los nuevos movimientos sociales, la ecología, el feminismo, el cambio de Constitución, la revuelta de octubre, ahora el COVID–19, van permitiendo cuestionar el paradigma dominante y además anticipar la posible sociedad de la crisis. Podemos decir que son lugares de esperanza la necesidad de cambio y la posibilidad de transformación, de generar espacios que muestren que Otro Mundo es Posible.

La pandemia muestra la fragmentación social y el aislamiento de un tejido social único y homogéneo. Pero también se dan nuevas formas de organización, en las cuales se rescata la identificación con el otro, el reconocimiento de nuestro semejante, como un otro que tiene sus dificultades económicas, afectivas y espirituales, pero humanizado desde sus capacidades productivas y transformadoras. Se desarrollan construyendo redes sociales, modalidades innovadoras de articulación, hacer y comunicación para superar la crisis tanto de la pandemia como la crisis social que develó la revuelta del 18 de octubre 2019. Estas formas de organización van tomando un lugar significativo en el día a día de la sociedad, desplegándose expresiones creativas y eficaces de prácticas sociales y políticas.

Podemos decir que hay una lucha contra el materialismo individualista y la alienación del ser humano, y una lucha por la afirmación de lo humano, de vivir en comunidad, en vínculos, fortaleciendo el ser interior, la subjetividad que circulan en este devenir terrenal, que hoy más que nunca hace presente su dignidad. Por el reconocimiento de sí como sujeto capaz de construir su propio destino y, junto con otros, de convertirse en hacedor de historia.

Desde una salud mental comprometida desde el ser humano y su relación con la comunidad se puede ayudar a aportar a que se potencie el cambio social y la transformación subjetiva, con nuevos planteamientos éticos y profesionales, que pongan énfasis en la importancia del análisis de aspectos de riesgo y daño psicológico, como también en el crecimiento y el desarrollo y/o evolución. En ese caminar será posible potenciar la búsqueda de caminos alternativos con la libertad de la imaginación individual y colectiva

Se hace necesario abrir la mirada a la comprensión de nuestras conductas, interrogarnos como sujetos en esta crisis, problematizar y profundizar los signos y las tendencias en pro de dar consistencia a ser Otro Mundo Posible. Evolucionando en conciencia, en nuevas prácticas de vivir en comunidad.

Por Adolfo Morán Alfaro. El autor es Psicólogo y forma parte de la Red de Profesionales de la Fundación Progresa.

Santiago, 7 de mayo 2020.

Crónica Digital.

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