EX JUEZ JUAN GUZMÁN TAPIA RECHAZA ACUSACIONES EN SU CONTRA

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Crónica Digital reproduce la declaración pública del abogado, miembro de nuestro Consejo Editorial y Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central, Juan Guzmán Tapia.

El jueves 26 de julio último en el diario La Segunda aparecen unos comentarios de mis colegas Marín y Pérez que son falsos. Durante la dictadura era normal la falsedad y la desinformación proveniente del gobierno, de los medios afines con éste, es decir de todos, y hasta de los personeros del sistema judicial para justificar lo injustificable.

Deseo que se rectifiquen las falsedades referidas a mi persona, primero, haciéndolo yo, porque jamás ningún colega, asociación o grupo de abogados me ha defendido ante las sanciones que me aplicó la Corte Suprema cuando podía hacerlo, lo que me ha obligado a defenderme yo mismo. Segundo, porque creo que he sido un magistrado honesto y que ha hecho mucho por nuestra justicia, al igual que varios otros cuyas carreras se han visto truncadas.

En la crónica “Supremo veredicto” del mencionado periódico el vocero Urbano Marín o Marino, como él mismo me ha dicho es su apellido original, dice: “La verdad es que lo que queríamos indirectamente era otra cosa: que uno de los magistrados que no tenía ninguna posibilidad de avanzar se fuera. Y se fue”.

Cuando el periodista le pregunta si era el ex – juez Guzmán, responde: “Claro. Y ahí se logró (o lograron, pienso yo) repartir los procesos y avanzaron todos. No es que hayamos querido deshacernos de un juez, sino que tenía 97 asuntos que no caminaban. Si Uds. se fijan este caballero no acusó a nadie…”

Vamos por parte. Primero, no me referiré al estilo, pues en lo forense y en lo gramatical resulta inusual que se hable así y, para el público general, creo que nadie entiende lo que el señor Marín pretendió decir. Pero, en fin…

El caballero Urbano, novato en el sistema judicial, pese a sus ambiciones de ser el próximo presidente del alto tribunal, llevaba menos de dos años como abogado integrante de la corte de apelaciones de Santiago cuando fue nombrado ministro de la Corte Suprema. Lo cierto es que no conocía el oficio de juez, que aún desconoce y entre algunos colegas de la corte de apelaciones le enseñamos a redactar sentencias para que no continuara elaborando difíciles híbridos, mezcla de informes de Contraloría, de donde provenía, con parches provenientes de los escritos de los litigantes. Nos decía, a medida que algo aprendía, que nosotros éramos sus maestros y nos prometió su eterna gratitud, con forzosas venias.

Es cierto que él quería que se me expulsara del sistema judicial, tarea a la cual se avocó conjuntamente con un señor rabioso y de mala dicción de apellido Álvarez, cuyo nombre y segundo apellido no vale la pena rememorar, que llegó a ser presidente del tribunal, y con el muy católico Ricardo Gálvez, principal gestor de esa iniciativa. Estos miembros de la Corte se “movían” inescrupulosamente intentando convencer a sus pares, algunos indecisos, otros débiles, pero también otros justos, de la necesidad
permanente de sancionarme, lo que en múltiples ocasiones lograron, torciendo el sentido de las normas e inventando infracciones inexistentes, obviamente para suspenderme o hasta expulsarme, lo que no lograron.

Debo hacer presente que Gálvez jamás ha sido verdaderamente juez. Estuvo de secretario en un juzgado del crimen de Santiago, relator en la corte de apelaciones de Santiago, relator en la Corte Suprema y luego estuvo de ministro del tribunal de alzada de Santiago, donde figuró en más de 20 ternas para su ascenso. Hizo lo que en la jerga judicial se denomina “la carrera del ascensor”. Pero, en fin…

Entiendo que esos tres funcionarios judiciales hayan actuado de la manera señalada porque yo hacía precisamente lo que ellos nunca hicieron: luchar por la justicia, por la transparencia de la función jurisdiccional y contra la impunidad en las causas por violaciones a los derechos humanos. Además, yo no hacía lo que ellos esperaban y tanto habían hecho, el tradicional besa manos que caracteriza a estos funcionarios.

En cuanto a lo que dice don Urbano, que tramitaba 97 causas y que cuando me “fui” se “logró” repartir los procesos y avanzaron todos” y que no acusé a nadie, la verdad es que las causas que sustanciaba eran 99, cerré varios sumarios para acusar, los que fueron apelados por los abogados de las partes y en cuanto a su avance debo recordarle lo que muy bien sabe o debería saber como vocero. Que los ministros de la Corte Suprema, aunque tardíamente, se dieron cuenta, previo estudio de uno de sus miembros, que un solo ministro estaba realizando con gran sacrificio la labor de varios jueces. Por eso, el pleno de ese tribunal dictó el antecedente administrativo N 17137 de 14 de octubre de 2002, luego de recibir un informe mío, nombró a otros 3 ministros de la corte de apelaciones de Santiago y una ministro de la de San Miguel para que realizaran conmigo esta ardua pero honrosa tarea, repartiéndose en aquélla ocasión mis causas y no cuando me retiré, como lo afirma el señor Marín.

Yo quedé a cargo de los juicios más delicados: “Caravana de la muerte”, “Operación Cóndor”, “Operación Colombo” y “Conferencia”. Un juez se dedicó a cerrar sumarios y fallar en las causas más sencillas; otro juez, luego de realizar trámites fundamentales, acusó y dictó sentencias ejemplares; otro, como ha sido la costumbre, le sacó el bulto a las papas calientes mientras fijaba su vista en la Corte Suprema. Hay más, pero lo fundamental se ha dicho.

La señora Pérez ( que reta a la gente cuando no le dicen ministra), por su parte, dice, refiriéndose a las “verdades” señaladas por Marín: “ Y yo se lo puedo ratificar…Yo era la ministra subrogante de él y en la época en que comenzó a anunciar que renunciaría cuando cumpliera los 65, me empecé a preocupar por si me tocaba subrogarlo. Me dijo que me dejaría todos los sumarios cerrados. Le pedí por favor (quien cree lo de “por favor”) que no lo hiciera porque yo había visto cómo se tramitaron las causas…Había querellas sin proveer, una serie de cosas”.

A la señora Pérez, cuando le dije que me retiraría a los 65 años, casi se le salieron del todo los ojos. No es que las causas estuvieran mal tramitadas, ella sabe poco de eso. La verdad le consta a los abogados, a los familiares de los desaparecidos, a los torturados y hasta a la mayoría de los procesados. Le consta a todo el país el esfuerzo magno que realicé para tramitar la mayoría de las causas con la mayor dedicación y responsabilidad. Recorrí el país buscando cuerpos, no haciendo turismo como ella misma lo decía; revisé, con profesionales forenses, más de 1500 restos humanos en inmensas fosas pestilentes, lo que nos obligaba a usar máscaras de oxígeno, caminando sobre rumas de cuerpos deshechos, única manera de realizar este trabajo; sometí a proceso a decenas de agentes estatales, entre generales, brigadieres, coroneles y al propio general Pinochet como autor de los crímenes de la Caravana de la Muerte, resolución que ella disminuyó a la de “encubridor”. ¡Vaya participación de quien probadamente dio las órdenes de tanta masacre!. Interrogué a centenares de testigos, de victimas e inculpados. Algunas declaraciones tardaron varios días en tomarse, debido a la complejidad de las narraciones. Caminé durante horas por quebradas desérticas, o por grietas nevadas en volcanes; me introduje utilizando ascensores hechizos, especies de jaulas metálicas operadas mediante motores de tractores, dentro de piques en minas en el norte del país. Expuse mi vida decenas de veces, tratando de reconstruir el pasado para ayudar a las víctimas, a sus familiares y al país en su sed de verdad y justicia. Y la señora Pérez, que nadie ha visto con su boca cerrada, hace afirmaciones tanto falsas como insolentes.

Pienso que los abogados, los familiares y las víctimas sabrán a quien creer, entre alguien que solamente aplica la ley, la ley de amnistía y justifica la impunidad o un juez que logró abrir el manto de impunidad que cubría todos los crímenes que investigué y por los cuales procesé en tres ocasiones al general Pinochet, a decenas de agentes estatales y hasta a civiles que los mismos tribunales pensaron imprudente perseguir. ¿Cuántos son autores de los recursos de amparo rechazados que permitieron tanto crimen de lesa humanidad?

Juez Juan Guzmán Tapia

Santiago de Chile, 30 de julio 2007
Crónica Digital, 0, 109, 3

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