LOS ARCHIVOS DEL TERROR

En los años de Dictadura corría el mito urbano que el ex general Manuel Contreras había sacado de Chile, por el extremo sur del país y en barco, decenas de baúles con información secreta que daba cuenta de todo lo realizado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) durante toda su existencia como el principal organismo represivo encabezado por el general Augusto Pinochet.

El mito se fundamentaba que la decisión del ex general Contreras era resguardarse de las posibles venganzas en su contra tras la disolución de la DINA y la creación de la CNI a cargo del general Odlanier Mena quien, en esos años tenía una abierta disputa de poder con el siniestro hombre fuerte de los aparatos de seguridad del régimen.

Los archivos de la DINA, según el mismo mito, contenían no solo la información respecto de las formas de operar de la siniestra maquinaria represiva sino que también la participación de destacados personajes del régimen pinochetistas, de los organismos de inteligencia que ayudaron a la Junta Militar para dar el Golpe en contra del Presidente Salvador Allende, como la CIA y los grupos fascistas y nacionalistas que aportaron no solo con recursos económicos sino con “personal especializado” para aplicar la doctrina de la Guerra de Baja Intensidad en contra de los chilenos opositores.

La duda quedó en el imaginario colectivo de los partidos políticos, de los familiares de las víctimas de violaciones de derechos humanos y de la Iglesia. Hasta ahora este mito comienza a conformarse en una desbordante realidad.

La aparición del documento que establece el seguimiento previo al asesinato del ex comandante en Jefe del ejército, general Carlos Prats y su esposa en el barrio de Palermo en Argentina es una muestra que los archivos existen o, a lo menos, que no todos los documentos fueron eliminados por los militares y agentes de seguridad.

Es esta la duda que hoy plantea el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Senado, Jaime Naranjo al solicitar que el Ejército hoy no existe justificación política, técnica o administrativa para que la institución castrense continué manteniendo, en su poder, los archivos que pertenecieron a la DINA y a la CNI.

Para ello, Naranjo ya anunció que presentará un proyecto de ley que obligue a los militares a traspasar al Ministerio del Interior toda la documentación que exista de los organismos de inteligencia.

No hay que olvidar que el documento presentado por el brigadier en retiro Pedro Espinoza data del año 1974 y habría estado oculto por 30 años en las bodegas del edificio de las Fuerzas Armadas.

En este sentido, la Ley 18.943 que trasfiere toda la documentación e infraestructura de ambas organizaciones represivas al Ejército buscó, precisamente, ocultar el actuar y los crímenes de la DINA y posteriormente la CNI y, entregó toda esta información de inteligencia y represión a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), órgano que en democracia siguió desarrollando políticas de espionaje en contra de los partidos oficialistas y de oposición a Pinochet.

EL VALOR DE LA INFORMACIÓN

Es indudable que de comprobarse la existencia material de estos archivos del terror se abre una puerta aún no dimensionada por la clase política o, quizás sí. Nos vienen a la mente los llamados acuerdos políticos de la transición, los que se hicieron a espalda de los chilenos por el naciente gobierno de Patricio Aylwin.

El documento que involucra al seguimiento de Prats obliga también conocer dónde está la información que por años recopiló la Vicaría de la Solidaridad. No hablamos de los casos judiciales que están a buen resguardo en la fundación católica sino a los cientos de investigaciones que los equipos de la extinta Vicaría realizaron desde su creación hasta su disolución y que hasta la fecha no existe certeza de su destino o de su acceso público.

¿Qué decisiones políticas se adoptaron para asegurar la tranquilidad ciudadana y la naciente democracia?, ¿Quiénes optaron por guardar silencio?, ¿En cuantos años más Chile estará preparado para conocer toda la verdad, tanto dolor, tanto crimen?.

Conocer los archivos del terror de donde el ex brigadier Pedro Espinoza saco –como el mago de su sombrero- el documento del caso Prats es fundamental en los procesos de reencuentro y paz social. Ello, porque permitiría conocer detalles de quienes participaron en el asesinato, secuestro y desaparición de miles de compatriotas durante los 16 años y seis meses que duró la Dictadura. Permitiría saber el nombre de quien violó, delato y traicionó a sus camaradas de partido.

Conocer la verdad, hacer justicia y castigar a los responsables por las graves violaciones a los derechos humanos en Chile no es un signo de odio o revanchismo, significa poder reencontrar a los chilenos. De mirarse a la cara y recordar a los mártires con la dignidad de haber dado lo mejor de ellos, sus propias vidas. La reconciliación se hace a mano limpia sin secretos, sin mentiras.

Por Roberto Portilla. Editor General Crónica Digital.

Santiago de Chile, 28 de junio 2007
Crónica Digital
, 0, 132, 3

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Next Post

JUGANDO “AL PACO Y AL LADRÓN”

Jue Jun 28 , 2007
Solía suceder que a alguno de los más fuertes se le pasara la mano y los débiles terminábamos llorando y a veces también, nos organizábamos y lográbamos separar a un abusador de sus compinches y reducirlo o, al menos, unidos amenazarlo. En ese caso, el matoncito apelaba a “pedir bolita” o a invocar su derecho a entrar “en capilla”, estado de inacción que lo protegía de ser atacado, situación que él no respetaba cuando alguno de los débiles, desesperado ante el abuso y el castigo físico, invocaba los mismos derechos. La vida nacional en materia de Derechos Humanos tiene similitudes con la situación escolar descrita. El fuerte por el poder de las armas abusó, persiguió, violó, asesinó y desapareció a sus víctimas sin escuchar los ruegos de madres, hijos o novias de los que fueron arrebatados de sus hogares en horas de la noche, sin darles tiempo para vestirse y sin resistencia de su parte. Había interminables filas de angustiados demandantes por la suerte de sus seres queridos por calle Compañía ante una de las puertas del ex Congreso Nacional, frente a una supuesta “Oficina de Informaciones” de los servicios represores que nunca dio una respuesta clara y cuyos funcionarios nunca trataron como seres humanos a los requirentes. Recuerdo también a un joven que por azar no murió en la noche en que con diez detenidos más fue fusilado en la Cuesta Barriga en viaje al Estadio Nacional y que, luego de reponerse de sus graves heridas en un Convento, por medio de su familia intercedió ante las más altas autoridades militares para volver a su hogar, en la conciencia absoluta de ser una persona irreprochable desde todo punto de vista. Consiguió autorización expresa y volvió. La misma noche de su regreso, su hogar fue visitado y, sin respetarse derecho alguno, fue desaparecido, situación que se estudia en un proceso cuya primera instancia todavía tramita un Ministro de Corte, luego de superar los archivos, sobreseimientos y trabas que impuso por años la Justicia Militar. Su dolido padre y querellante murió hace unos años con la angustia de la injusticia. Un general declarado responsable de crímenes atroces por los más altos magistrados, no acata su pena ni acepta los privilegios que se otorgan a los condenados de su calaña siendo apoyado por dichos poco claros de quienes deberían repudiar su acto y por sus camaradas, quienes señalan que “queremos que de una vez por todas el Presidente que venga, que ojalá no sea mujer, tenga criterio de estadista para que los familiares de los detenidos desaparecidos se junten con los familiares de nuestros caídos y con los de los procesados, y que todos nos demos un gran abrazo”. Los que no escucharon a nadie ni tuvieron compasión ni respetaron derecho alguno, hoy piden “bolita” y se colocan “en capilla”, piden “un gran abrazo” condicionado a consolidar una situación de injusticia y de impunidad inaceptables, que remueve las heridas y aumenta el estado de abuso de que han sido víctimas tantas familias […]

Te puede interesar:

Las opiniones vertidas en este medio de comunicación no necesariamente representan el sentir de Crónica Digital y son de responsabilidad de quienes las emiten.

Crónica Digital, es un medio de comunicación social, republicano y comunitario. Fue fundado el 19 de abril del año 2005. Su objetivo periodístico es informar sobre los principales noticias de Chile, América Latina y el mundo.

El director de Crónica Digital es el periodista Marcel Garcés Muñoz.

Su representante legal y editor general es el periodista Iván Antonio Gutiérrez Lozano.

El editor nacional es el periodista Ramón Vargas Vega.

El editor cultura es el periodista Miguel Alvarado.

Corresponsal en La Habana, Cuba, Florencia Lagos N.

El asesor legal es el académico y abogado Sr. Pablo Méndez Soto.

Los principales asociados informativos de Crónica Digital son la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina , la agencia de noticias China, Xinhua y TV Brics.

En Chile, el medio electrónico El Maipo

Correo: cronicadigital@gmail.com
Dirección: Maturana 302 local 2
Santiago de Chile.

Desde el año 2005 Crónica Digital es parte de la Asamblea Nacional por los Derechos Humanos.

Crónica Digital es una marca registrada. Todos los derechos reservados.

Redacción Diario Crónica Digital
Fono: 950142601

Un café en una plaza con historia....

Maturana con Huérfanos
plaza Brasil,
Santiago de Chile.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es cafe-con-torta-900x675.jpeg